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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 349

Luisa apretó las sábanas con evidente nerviosismo. Una expresión de duda asomó en su rostro.

Josefina notó su reacción de inmediato y continuó:

—No me tienes que contestar ahorita, piénsalo con calma. También puedes buscar otra chamba si prefieres. Respetaré tu decisión.

Luisa se mordió el labio y finalmente respondió:

—Déjeme pensarlo.

—Sale —aceptó Josefina con un asentimiento de cabeza. Acto seguido, dio media vuelta y abandonó el lugar.

Al salir del hospital, comenzó a caminar hacia su coche cuando de repente sintió que una mirada pesada se clavaba en su espalda.

Se le tensó todo el cuerpo y se dio la vuelta rápidamente.

En la entrada de la clínica, la gente entraba y salía con prisa, pero nadie parecía estarle prestando atención.

¿Se lo habría imaginado?

Una ligera punzada de inquietud se instaló en su pecho. Aceleró el paso y subió rápidamente a su vehículo.

Estaba a punto de encender el motor cuando el celular empezó a sonar. Al revisar la pantalla, vio que era Felipe.

El sonido insistente del timbre la puso todavía más ansiosa. Contestó de inmediato.

—¿Qué pasó, Felipe?

La voz de su guardaespaldas sonó bastante tensa.

—¡Señorita León, no prenda el carro! Bájese enseguida. Creo que le metieron mano a su vehículo.

Josefina sintió que le caía un balde de agua helada. Con el corazón latiéndole a mil por hora, empujó la puerta y saltó del asiento.

Para ese momento, Felipe ya venía corriendo hacia ella.

—Tuve que ir rápido al baño y dejé a uno de los muchachos vigilando —le explicó, recuperando el aliento—. Me acaba de avisar que vio a alguien rondando por su coche durante un buen rato.

Instintivamente, la joven apretó los puños.

—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó alterada.

—Voy a pedir una grúa para llevarlo a checar —indicó Felipe—. Usted váyase en taxi a su casa.

A la mente de Josefina regresaron los recuerdos de cuando la quisieron atacar y de la vez que la drogaron...

Apretó los dientes y soltó:

—¿Todavía no han sacado nada de los güeyes de la última vez?

Josefina parpadeó, sorprendida. ¡¿Ya había averiguado lo de San Isidro del Valle?!

Al notar su impacto, Manuel sugirió:

—¿Vamos a mi casa a platicarlo?

Josefina asintió.

—Va.

El departamento de Manuel era elegante y de estilo minimalista. Sacó unas pantuflas desechables para que se pusiera más cómoda y le explicó:

—Nunca he traído mujeres, así que son las únicas que tengo. Checa a ver si te quedan.

Josefina asintió.

—Sí, están bien.

—Toma asiento —ofreció el anfitrión quitándose el saco.

Fue a la cocina, le sirvió un vaso con agua, lo colocó sobre la mesa de centro y sacó su teléfono.

—Mandé a alguien a investigar a las personas que sobrevivieron al terremoto en San Isidro del Valle —comenzó a relatar—. La clave fue no preguntarles de manera directa, sino convivir con ellos para ganarse su confianza y bajarles la guardia. Al sacarles plática como si nada, terminaron soltando detalles muy interesantes de ese día.

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