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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 355

—Benjamín, Jose se está besando con otro hombre, ¿no vas a hacer nada? —soltó Cristóbal sin pensarlo dos veces.

Apenas lo dijo, se dio cuenta de su error y se dio un manotazo en la boca.

Benjamín le lanzó una mirada gélida.

—Ve tú si quieres.

Cristóbal se rascó la nuca con actitud avergonzada.

—Jeje, bueno, este... Ya que hoy no tenemos mucho que hacer, ¿qué pedimos para tomar?

***

Josefina le volteó la cara al chico, se recargó en el asiento y señaló un par de botellas.

—Quiero este, este y este otro. Prepárame un trago.

—Claro que sí, hermosa —respondió el muchacho.

Al ver esto, Silvia no se pudo contener.

—Jose, ¿por qué no le diste un beso? Prueba a otros hombres para que dejes de clavar con ese cabrón.

Josefina alzó la mirada con pesadez y le contestó:

—No me gusta compartir hombres con otras mujeres.

Silvia se quedó pasmada un segundo, pero luego asintió.

—Ah, tienes razón, qué asco.

Acto seguido, barrió con la mirada a los chicos y ordenó:

—Pónganse a bailar, quiero verlos bailar.

Los jóvenes se plantaron frente a los asientos y comenzaron a moverse al ritmo de la música.

El chico que atendía a Josefina no tardó en prepararle el trago y se lo entregó.

—Hermosa, la bebida está un poco fuerte, así que tómala despacio.

—Si está tan fuerte, ¿por qué no mejor me dices que no me la tome? —Josefina alzó un poco las cejas, mirándolo con una media sonrisa.

El muchacho le contestó:

—Las mujeres hermosas que vienen aquí, o buscan diversión, o tienen algún problema. A mí me parece que tú eres del segundo tipo, así que sé que de todas formas vas a querer tomar algo. Como sé que no puedo impedírtelo, lo único que me queda es aconsejarte que no tomes demasiado.

No se olvidó de llevarse a los chicos con ellas.

La repentina llegada de tantas personas a la pista de baile hizo que el espacio se volviera bastante estrecho.

No obstante, los muchachos las rodearon para protegerlas y evitaron que los demás clientes se sobrepasaran.

Josefina se acomodó el cabello, se desabrochó los dos primeros botones de la camisa y se dejó llevar por el ritmo de la canción.

Solo así podía lograr desconectar su mente de forma temporal. Su futuro era tan incierto; sentía como si sus planes se hubieran quedado estancados.

El solo hecho de pensar en el mañana le provocaba un torbellino de emociones a Josefina, llenándola de confusión y ansiedad.

De improviso, un hombre la tomó por la cintura y comenzó a bailar muy pegado a ella. Justo cuando ella volteaba a mirar y empezaba a fruncir el ceño, la música se cortó de tajo.

Un instante después, todas las luces del club se apagaron de golpe.

—¿Qué está pasando?

—¿Por qué se fue la luz?

—¿Gerente? ¡Gerente! Arreglen esto rápido.

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