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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 367

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Dada la situación actual, no podía abrir su propia agencia de doblaje; los riesgos imprevistos eran demasiados.

Mientras no descubriera quién estaba intentando hacerle daño, no tendría un solo día de paz.

Josefina se llevó una mano a la frente, bajando la mirada.

En ese momento, alguien llamó a la puerta.

—Señorita León, el señor Fuentes está aquí.

Se escuchó la voz de la empleada Alejandra desde el pasillo.

Josefina se levantó a abrir. Del otro lado estaba Manuel, sosteniendo un termo para comida. Llevaba puestos sus lentes y mostraba una sonrisa cálida.

—Josefina, te ves mucho mejor hoy. Parece que ya te recuperaste.

Ella asintió y le agradeció:

—Sí. Todo es gracias a tu sopa, la verdad es que hizo milagros.

Manuel levantó ligeramente una ceja en tono de broma.

—Creo que tendré que patentarla. Tal vez pueda hacerme rico y vivir de esto el resto de mi vida.

—Me parece una excelente idea —le siguió el juego ella.

Ambos se miraron y rieron.

Él le entregó el termo a Alejandra, se acercó a Josefina y le ofreció un sobre manila que traía consigo.

Ella lo miró con curiosidad.

—¿Qué es esto?

—Ábrelo.

Manuel le dedicó una mirada de intriga.

Josefina dio media vuelta para entrar al estudio.

—Pasa, Manu, siéntate donde gustes.

Alejandra entró a dejarles unos vasos con agua y se retiró de inmediato.

Al abrir el sobre y revisar los documentos, una expresión de genuina sorpresa se dibujó en el rostro de Josefina.

De verdad quería construir su propio negocio, pero hacerlo sola conllevaba demasiada incertidumbre.

Sin embargo, si tenía un socio...

Los riesgos se compartirían, y resultaba que ese socio no le temía a las amenazas invisibles...

Josefina respiró hondo y tomó una decisión.

—Acepto, pero tenemos que renegociar las acciones. No quiero que el registro esté a mi nombre, así nos ahorraremos problemas innecesarios.

—Me parece bien —accedió él—. Puedo convertir tus acciones en efectivo y entregártelo como un bono a final de año.

Josefina sonrió, con un brillo de entusiasmo en los ojos.

—Trato hecho.

Platicaron sobre los detalles un buen rato y Manuel se quedó a cenar antes de marcharse.

La luz de los faroles se filtraba entre las sombras de los árboles. En la oscuridad, Cristóbal miró al hombre de rostro frío y ensombrecido que tenía al lado. Se encogió de hombros y le preguntó:

—Benjamín, ¿por qué llevas tanto rato viendo el departamento de Josefina? Si la extrañas, nomás sube y ya.

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