—Hablas demasiado.
Benjamín seguía con la vista clavada en el edificio. Su voz sonaba más gélida que de costumbre.
Cristóbal suspiró.
—Benjamín, ¿la verdad es que no quieres divorciarte de ella? Pues ve y díselo en la cara.
—No la estoy viendo a ella.
Benjamín por fin apartó la mirada, manteniendo una expresión rígida.
—Solo estaba viendo las estrellas.
Cristóbal rodó los ojos con exageración.
—Ay, por favor. Eso no te lo crees ni tú.
¡Benjamín llevaba plantado ahí desde que Manuel entró al edificio! ¡Habían pasado cinco malditas horas!
¡Hasta a Cristóbal ya le dolían las piernas!
Y el tal Fuentes, ¿qué tanto hacía allá arriba? ¡Llevaba una eternidad!
Ni siquiera se conocían tanto, ¿de qué tenían que platicar?
A Cristóbal no le caía nada bien ese tipo.
—Por cierto —cambió de tema Benjamín—, ¿tu hermana ya encontró lo que le pedí investigar en el extranjero?
Cristóbal volvió a suspirar.
—No hay noticias. Volvió a desaparecer, no puedo comunicarme con ella.
Al oír eso, Benjamín frunció un poco el ceño.
Si estaba incomunicada, significaba que se encontraba en una zona de alto riesgo. Tenía que ser extremadamente cautelosa para no ser descubierta, por lo que era lógico que no pudiera hacer contacto con el exterior.
En ese preciso momento, la puerta principal del edificio se abrió y apareció la figura de Manuel.
A Cristóbal se le iluminó la cara.
—¡Ya salió, Benjamín! Vámonos de aquí.
Benjamín le lanzó una mirada gélida y sombría.
Cristóbal se frotó la nariz, sonriendo con torpeza para disimular.
Manuel tomó un atajo hacia su casa, sin darse cuenta de la presencia de los dos hombres en la oscuridad.
Benjamín apartó la vista justo cuando su celular empezó a sonar.
Revisó la pantalla: era Valentín.

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Comentarios
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