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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 383

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Las siluetas se movían borrosas bajo el agua, así que Josefina encendió los limpiaparabrisas traseros de inmediato para intentar distinguir la escena.

Los cinco o seis atacantes que quedaban ya estaban en el suelo.

Benjamín estaba medio arrodillado en un charco de sangre, apoyando su peso sobre la barra de metal que aferraba con la mano.

Las pupilas de Josefina se dilataron por la impresión. Salió corriendo del coche y se dirigió a toda prisa hacia él.

Se dejó caer de rodillas frente a él y trató de levantarlo.

—Benjamín, ¿cómo estás? ¿Benjamín?

La lluvia caía a cántaros sobre ellos. Él estaba completamente empapado, pero no solo de agua, sino también de sangre.

Josefina lo sostuvo del brazo.

—Levántate, vámonos al hospital...

Benjamín alzó la cabeza. Las gotas de lluvia colgaban de sus pestañas oscuras y sus ojos estaban inyectados de sangre, emanando un aura intimidante; la pelea acababa de despertar sus instintos más agresivos.

No obstante, clavó su mirada en ella y preguntó:

—¿Estás preocupada por mí?

Josefina estaba aterrada.

—No es momento para platicar de eso, vámonos rápido al hospital.

—¡Cuidado atrás!

Justo en ese momento, uno de los guardaespaldas heridos pegó un grito desgarrador.

Antes de que Josefina pudiera reaccionar, alguien la jaló con violencia, ¡haciendo que los dos intercambiaran posiciones en un parpadeo!

¡Zas!

¡Fue el ruido sordo de una navaja cortando carne!

Josefina al fin comprendió lo que había pasado: ¡uno de los tipos que estaba en el piso se había levantado e intentó asestarle una puñalada mortal!

Sin embargo, el arma no perforó su cuerpo, ¡sino que se hundió profundamente en el hombro de Benjamín!

—Benjamín...

—Mhm...

Llegó la respuesta. Su voz era apenas un murmullo profundo y apagado.

—No te vayas a dormir, ya casi llegamos al hospital, todo va a estar bien... —Le decía Josefina, intentando convencerlo a él y a sí misma al mismo tiempo.

—Mhm...

Benjamín mantenía los ojos cerrados, respondiéndole sin un gramo de fuerza.

Josefina manejó lo más rápido que pudo, pero al alejarse de esa zona, el tráfico empezó a empeorar.

Se sentía en un trance, como si acabara de escapar de un mundo alterno.

En esa zona la ciudad seguía su ritmo normal; los coches avanzaban con tranquilidad y había mucha gente en las banquetas.

Y pensar que apenas unos momentos atrás, aquel tramo parecía un rincón olvidado donde no pasaba nadie; un escenario dominado por la violencia y la sangre, donde su vida no valía absolutamente nada.

Por fin llegó al hospital. Josefina gritó pidiendo ayuda y Benjamín fue ingresado de urgencia. Ella se quedó de pie afuera de la sala de emergencias, completamente empapada, mientras sus manos continuaban temblando sin control.

En ese preciso instante, su celular volvió a sonar. Con las manos todavía inestables lo sacó de su bolsa; era una llamada de Felipe.

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