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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 389

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Josefina asintió a su lado.

—Exacto, hágale caso al médico.

Benjamín los observó a ambos. Con una sonrisa enigmática en los labios, preguntó:

—Entonces, ¿en cuántos días me voy a poder bañar?

El médico hizo un cálculo rápido y le respondió:

—En una semana, más o menos.

Las heridas estaban sanando bastante bien, así que en una semana ya podría asearse.

Benjamín le lanzó una mirada penetrante a Josefina y asintió.

—Está bien, le haré caso.

Josefina se sintió algo confundida. Le dio la impresión de que él solo estaba tratando de darle lata.

¡Qué ridiculez!

¿Para qué la molestaba a propósito?

¡Si ni siquiera se había metido con él!

Cuando el médico salió, ella avisó:

—Voy a salir un rato.

—¿A dónde? —preguntó él—. Ahorita corres mucho peligro, no andes dando vueltas.

—A probar a Manu. —No se lo ocultó; el mensaje de texto de anoche la tenía ansiosa por saber qué pensaba Manuel.

La mirada de Benjamín se volvió sombría. "Manu"... Qué forma tan cariñosa de llamarlo.

Apartó la vista y su rostro adquirió una expresión gélida.

Josefina dio media vuelta y salió, asegurándose de que Felipe la acompañara.

Llamó a Manuel; después de tres tonos, él contestó.

—¿Qué pasó, Josefina?

—Manu, hoy estoy libre —dijo ella—. ¿Te animas a ir a ver a Luisa? ¿Tienes tiempo?

—Justo voy a entrar a una junta —respondió él—. Yo creo que me desocupo en una hora.

—Entonces paso a buscarte.

Josefina levantó su taza, dio un pequeño sorbo a su café y miró por la ventana.

Llevaba varios días lloviendo a cántaros y el aire se sentía bastante frío.

De repente se preguntó si Andrés y su esposa ya se habrían enterado de la desaparición de Magdalena.

¿Sería por eso que Jimena se enfermó?

Conociendo los antecedentes, era muy probable.

Una mesera pasó a su lado con una charola, pero justo en ese momento, una persona en la mesa contigua se levantó de golpe y la empujó sin querer.

¡La mesera perdió el equilibrio y todo el café que llevaba en la mano se derramó directamente sobre Josefina!

Josefina logró agarrar a la mesera antes de que cayera al suelo.

La chica estaba deshecha en disculpas:

—¡Ay, perdón, perdón! No fue mi intención. Le... le pago la ropa.

Josefina se miró la enorme mancha de café en el pantalón. Sintió un ardor en el muslo.

—¿Traes algún pantalón de repuesto? —le preguntó—. Préstame uno, tengo que cambiarme.

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