—Si no te hubieras movido tanto, la herida no se habría abierto —dijo Josefina, mirándolo con el ceño fruncido y una expresión compleja.
—Fuiste tú la que se movía sin control. Yo solo me moví para sujetarte —respondió Benjamín sin inmutarse.
—Y por favor, nada de hacer esfuerzos bruscos —les advirtió la enfermera que estaba a un lado. Se había sonrojado bastante al escuchar eso, así que recogió sus cosas rápidamente y, tras dar la indicación, salió de la habitación a paso rápido.
Josefina se quedó sin palabras.
Benjamín levantó una ceja, la miró y dijo:
—¿Escuchaste a la señorita? Nada de esfuerzos bruscos.
Josefina decidió ignorarlo. No tenía tiempo para seguirle el juego.
En ese momento, su celular volvió a sonar. Era Andrés de nuevo. Ya la había llamado por la mañana. Y ahora otra vez.
Josefina bajó la mirada y rechazó la llamada.
Poco después, el celular de Benjamín comenzó a sonar. Él le dio un vistazo a la pantalla y comentó:
—Es tu papá. ¿Contesto?
—Ese es tu problema, no tiene nada que ver conmigo.
Benjamín arqueó una ceja y contestó la llamada.
—¿Bueno?
—Benjamín, ¿Jose está contigo? —preguntó Andrés con tono de urgencia—. No la encuentro por ningún lado, le marco y no contesta. Su mamá acaba de entrar al quirófano y los médicos ya nos dieron el aviso de gravedad. Es muy probable que no pase de esta noche...
Benjamín había puesto el altavoz, así que Josefina escuchó perfectamente todo lo que dijo Andrés. Apretó los puños de golpe y su expresión se volvió rígida.
Benjamín la observó por un momento antes de responder:
—No está conmigo. Tampoco he podido contactarla.
—¡Ay, Dios! ¿Qué vamos a hacer? —Andrés sonaba exhausto. Suspiró profundamente y añadió—: Su madre solo quería verla una vez más, ¿por qué tiene que ser tan...?
No terminó la frase, pero era evidente que le echaba la culpa a Josefina.
—Entonces, ¿qué le pasó a Jimena? —preguntó Benjamín.
—Ya veo. Querer verme a mí era solo un pretexto, un intento de calmar su conciencia antes de morir. A la que de verdad querían ver era a Magdalena.
Benjamín la miró fijamente con sus ojos oscuros y preguntó en voz baja:
—¿Vas a ir?
—No voy a ir —respondió Josefina sin dudarlo—. Ni siquiera soy a la que quieren ver, y tampoco es que estén arrepentidos de verdad. No voy a ir a fingir que somos la familia perfecta.
Tampoco sabría cómo actuar. Si veía a Jimena en esa cama de hospital, seguro se le ablandaría el corazón y terminaría aceptando alguna petición absurda. Siendo así, ¿qué caso tenía ir?
Benjamín asintió con la cabeza.
—Está bien, si no quieres ir, no vayas.
Josefina lo miró con sorpresa. No esperaba que le respondiera de esa manera.
Como si le leyera la mente, Benjamín añadió:
—Antes me importaba demasiado lo que pensaran los demás y nunca tomé en cuenta tus sentimientos, por eso pasaste por tantas cosas malas. Ahora que ya sé cuál es la respuesta correcta, no pienso volver a equivocarme.

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