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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 421

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Benjamín y Josefina dejaron el Club Monte Claro y fueron directamente a un restaurante.

Josefina tenía la mente llena de preocupaciones. Miró al hombre sentado frente a ella y preguntó: —Este camino no funcionó, ¿entonces qué haremos ahora?

—No te preocupes —dijo Benjamín con voz tranquila—. Yo me encargaré.

Las hermosas cejas de Josefina se fruncieron. —Si no me lo dices, seguramente mi cabeza empezará a imaginar mil escenarios. Al menos deberías dejar que me prepare.

Benjamín levantó la mirada y la observó fijamente. —A corto plazo, estás a salvo.

Josefina, sin entender, preguntó con confusión: —¿Cómo puedes garantizarlo?

Benjamín curvó los labios en una media sonrisa y respondió: —Federico está aquí, y sus hombres no se atreverán a actuar de forma precipitada.

Josefina apretó el tenedor con fuerza. —Pero esto es solo una solución temporal, no ataca el problema de raíz.

—Todo tiene que ir paso a paso —dijo Benjamín—. Primero vamos a comer. Olvida el mal rato de esta noche y, en el futuro, si lo ves, simplemente aléjate.

Al recordar la actitud demencial de Federico, Josefina sintió un escalofrío.

Había visto lo peor de la naturaleza humana, pero nunca se había topado con alguien tan trastornado.

Sus cambios de humor eran vertiginosos y su mente saltaba de un lugar a otro; un segundo reía a carcajadas y al siguiente empezaba a llorar.

Al recordar lo que Benjamín le había contado sobre cómo Federico, entre lágrimas, les había cortado las manos y los pies a sus propios hermanos, sintió que el estómago se le revolvía.

—No tengo hambre, come tú —dijo, dejando el tenedor en la mesa con el rostro un poco pálido.

Al verla así, Benjamín frunció el ceño con preocupación. —Ese tipo logró afectarte.

Josefina no respondió.

Benjamín también dejó los cubiertos, miró la hora en su reloj de pulsera y dijo: —Entonces hagamos otra cosa para distraerte un poco.

Josefina lo miró con duda. —¿Hacer qué?

—Hay un cine cerca de aquí —sugirió Benjamín—. ¿Vamos a ver una película?

Ella se negó de inmediato: —No quiero, prefiero ir a ver a mi abuela.

Josefina se quedó confundida. —¿A dónde vas?

—Vuelvo enseguida.

Benjamín no le dio más explicaciones. La multitud pronto ocultó su figura, y ella apartó la mirada.

Unos cinco minutos después, el hombre apareció frente a ella con un bote de palomitas en una mano y un vaso de refresco en la otra. Una leve sonrisa adornaba su rostro atractivo e imponente.

—Vi que todas las demás chicas tenían uno, no podíamos quedarnos atrás, ¿verdad?

Josefina parpadeó suavemente, se dio la vuelta y respondió: —No creo que pueda comer.

—Entonces me las como yo —dijo Benjamín, siguiéndola de cerca con un tono divertido—. Pero me vas a tener que ayudar a sostenerlas, me quedé sin manos para entregar el boleto.

Josefina tomó el bote de palomitas de maíz y esperó a que él mostrara su entrada para devolvérselo.

Pero, para su sorpresa, él sacó su celular para hacer una llamada y la ignoró por completo.

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