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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 468

Josefina mantuvo el cuerpo completamente tenso.

Para ella, era imposible que él la abrazara solo con la intención de dormir.

Sin embargo, los minutos comenzaron a pasar y, pronto, escuchó a sus espaldas el sonido de una respiración tranquila y regular. Solo entonces, Josefina empezó a relajarse poco a poco.

Sintió un ligero destello de asombro, pero no quiso darle más vueltas al asunto. Aunque antes no tenía sueño, con el silencio envolvente y el ritmo pausado de su respiración, una suave somnolencia empezó a apoderarse de ella.

En lo profundo de la noche, al escuchar el ritmo parejo de la respiración de la chica, el hombre que estaba detrás de ella abrió los ojos. Dejó escapar un suspiro inaudible y depositó un beso muy tierno sobre su mejilla.

En la oscuridad, la miró con ojos llenos de una profunda dulzura y adoración.

Lo había intentado todo, pero simplemente no podía dejarla ir.

Por eso, de ahora en adelante, sin importar los métodos que tuviera que utilizar, se quedaría con ella. Aunque fuera lo último que hiciera.

...

A la mañana siguiente.

Josefina abrió los ojos y sintió una mano paseándose por su piel. De inmediato se la sujetó con firmeza.

"¿No dijiste que me dejarías dormir tranquila?"

Acababa de despertar, por lo que su voz sonaba algo ronca.

Benjamín, que tenía el rostro hundido en el cuello de ella, soltó una carcajada grave y respondió: "Dormiste muy bien."

Josefina apretó los labios e intentó levantar las mantas para levantarse.

Pero Benjamín la retuvo. "¿Una vez?"

Las blancas mejillas de Josefina se tiñeron de un ligero tono carmesí. Lo miró con el ceño fruncido. "Yo no..."

Benjamín apoyó la mitad de su cuerpo sobre ella y murmuró con voz rasposa: "Diez veces al mes, ¿lo olvidaste? Y en este mes solo llevamos dos."

Josefina: "..."

Esa era la condición de su trato, no podía negarse.

Simplemente cerró los ojos y le dio la espalda. "¡Termina rápido!"

Benjamín arqueó levemente una ceja y, de pronto, se metió bajo las sábanas.

Benjamín lo cargó, notando que el pequeño aún seguía decaído, por lo que su mirada se oscureció un poco. "¿Alberto pudo dormir anoche?", preguntó con voz suave.

La niñera respondió: "Sí, logró dormir, pero se despertó sobresaltado varias veces, y cada vez rompía en llanto."

"Tío Benjamín, quiero a mi mami..."

Alberto rodeó el cuello de Benjamín con sus bracitos, luciendo sumamente frágil y triste. "Ayer vi a mi mami, yo quiero a mi mami."

Benjamín le dijo: "Te llevaré a dar un paseo."

Llevó a Alberto a una sesión de terapia con el psicólogo para ayudarlo a calmarse emocionalmente.

Finalmente, el niño pudo dormir un rato con tranquilidad.

El terapeuta le indicó que con tres sesiones más de apoyo, no habría mayores problemas.

Cuando Alberto se despertó, Benjamín lo subió al coche para llevarlo de regreso a la villa.

Sin embargo, justo cuando el vehículo tomó una curva, una mujer saltó de repente a la calle. Afortunadamente, los reflejos del chofer fueron rápidos y logró esquivarla a tiempo.

"¡Mami!"

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