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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 467

Sin embargo, cuando terminó de bañarse y salió, ¡vio que en el armario solo quedaba un camisón para dormir y el resto de su ropa había desaparecido!

Josefina se quedó de pie en el inmenso vestidor, observando los estantes vacíos. ¡Sintió que iba a colapsar!

Se puso el camisón y dio media vuelta para buscar a Benjamín. Lo encontró en la cocina preparando pasta; llevaba puesto un delantal sobre su figura alta y estilizada. En medio del humo de la cocina, se veía aún más apuesto y seductor.

Él giró la cabeza para mirarla y dijo con suavidad: "Ya casi está listo."

Josefina lo miró con el ceño fruncido. "¿Y mi ropa?"

"¿Qué ropa?"

Benjamín sirvió la pasta en dos platos y los llevó a la mesa del comedor. Su rostro perfecto mostraba pura confusión.

Josefina: "...¡La ropa del vestidor! ¡Por qué no hay ni una sola prenda!"

Benjamín seguía con expresión de ignorancia. "No sé, yo también acabo de llegar. Quizás se la robaron los ratones."

Josefina: "..."

Apretó los dientes. "¡¿Cómo puedes ser tan cínico?!"

Sin embargo, Benjamín la tomó por los hombros, le dio la vuelta y la empujó suavemente hasta la mesa, obligándola a sentarse. "¿Tienes fuerzas para pelear conmigo en este momento? Come primero y luego discutimos."

Josefina: "..."

Al principio no tenía apetito. Tras estar corriendo todo el día y enterarse de los estragos que la toxina le había causado a su abuela, las ganas de comer habían desaparecido.

Pero, al sentir el delicioso aroma que emanaba de la pasta, su estómago rugió un par de veces sin poder evitarlo.

Tomó el tenedor y comenzó a comer en silencio.

La pasta estaba deliciosa. Después de todo, él siempre había tenido grandes dotes culinarias.

Josefina bajó la mirada, sus largas pestañas temblaron ligeramente; en lo profundo de su corazón sintió una punzada incontrolable.

Una señal de alerta brilló en sus cristalinos ojos.

Benjamín respondió: "Dormir."

Josefina lo miró con suspicacia. "¿Solo dormir?"

Benjamín abrió los ojos para verla y con una sonrisa cargada de doble sentido dijo: "Si quieres hacer otra cosa, con gusto te acompaño."

Apenas terminó de hablar, Josefina se acostó enseguida dándole la espalda. Entre ambos quedó un espacio enorme, tan grande que fácilmente cabrían dos personas más.

Benjamín vio ese enorme abismo entre ellos y frunció el ceño, claramente insatisfecho.

Sin perder tiempo, se acercó, la rodeó con el brazo y abrazó su cintura por detrás.

El cuerpo de Josefina se puso rígido de inmediato, incluso su respiración se entrecortó.

Benjamín cerró los ojos y murmuró con voz pausada: "Descansa. Duerme bien y mañana vas al hospital."

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