Solían debatir durante horas sobre la trama de la película y, en ocasiones, tenían opiniones encontradas respecto a las decisiones que tomaban los protagonistas. Eran como cualquier otra pareja: discutían apasionadamente y, poco después, se reconciliaban.
Todos esos recuerdos flotaban en la mente de Benjamín, sembrando en su corazón una enfermiza necesidad de poseer ese pasado de nuevo.
¿Cómo era posible que ya no pudieran volver a ser como antes?
En el pasado, era innegable que se amaban con locura.
Le tomó la mano y comenzó a depositar besos suaves y delicados sobre el dorso, mientras su oscura mirada reflejaba una obsesión cada vez más desmedida.
"..."
Al día siguiente, Josefina recibió una llamada de Silvia.
"Jose, me pasó algo un poco complicado..." la voz de su amiga denotaba cierta duda e incomodidad.
Desconcertada, Josefina preguntó: "¿Qué pasó? ¿Estás bien?"
"Ay..." se quejó Silvia con un suspiro. "Salí para llevar a mi perrito Lucky a que lo vacunaran, y resulta que me encontré cara a cara con Andrés..."
Al verla, aquel hombre se aferró a ella como si fuera un salvavidas. Se le lanzó encima y no le soltó el brazo, exigiéndole casi a gritos que le marcara a Josefina.
La insistencia de Andrés fue tanta que, al no ver otra salida para quitárselo de encima, Silvia tuvo que hacerle la llamada.
La mirada brillante de Josefina se volvió gélida. "¿En dónde estás?"
"En la Clínica Veterinaria Huella", contestó Silvia.
Sin perder un segundo, Josefina se subió al auto y condujo hasta el lugar. Apenas cruzó la entrada, vio a Andrés todavía aferrado a la ropa de Silvia, negándose rotundamente a soltarla. Todos los presentes en la veterinaria estaban murmurando y observando el escándalo.
Silvia estaba sentada en una de las sillas de espera, luciendo totalmente derrotada.
"Silvia."
Josefina pronunció su nombre en voz alta.
Silvia volteó de inmediato y, con una expresión de pura disculpa, murmuró: "Lo siento muchísimo, Jose. En serio no sabía qué más hacer. Él fue súper insistente..."
"..."
Afuera, en un callejón estrecho y solitario cercano a la clínica, Andrés fue arrojado al suelo como si fuera basura. Felipe se cruzó de brazos y lo miró desde arriba, con su gran tamaño imponiendo una amenaza clara.
"¿Y a quién le llamas hija, pedazo de inútil? ¡¿Qué demonios estás gritando por toda la calle?! ¡¿Qué relación te crees que tienes con nuestra señorita?!"
Andrés lucía patético. Se apoyó torpemente contra la pared para poder levantarse. "¡Yo soy su papá! ¡Fui yo quien la crio desde que era niña, ella es mi hija!"
"¡Ja! Típico viejo sinvergüenza", le escupió Felipe sin un gramo de respeto.
"¡Tú...!"
Andrés estaba hirviendo de rabia, pero al ver la imponente musculatura y la altura de Felipe, ni siquiera se atrevió a mover un dedo.
Justo en ese momento, el ruido de unos tacones acercándose cortó la tensión del lugar. Josefina apareció y se plantó frente a él, mirándolo con esos ojos carentes de cualquier emoción.
"Tantas ganas tenías de verme que hiciste este teatro... Así que dime, ¿qué es exactamente lo que quieres decir?"

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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