Era entrada la madrugada cuando Benjamín regresó al Residencial Valle Niebla. Toda la casa estaba inmersa en un profundo silencio, y en la sala no había ni un alma.
Empezó a subir las escaleras, pero apenas llegó al segundo piso, vio una sombra asomarse en el pasillo.
Mientras se desabotonaba el cuello de la camisa con una mano, Benjamín frunció el ceño al reconocer a la persona.
"¿Qué haces todavía despierta a esta hora?"
Luisa no esperaba que regresara tan de repente y dio un respingo por el susto. Con actitud cohibida, se apresuró a explicar: "Estaba acompañando a la abuela. Apenas me salí de su cuarto porque ya se quedó profundamente dormida."
Hizo una pausa, se llenó de valor al observar el atractivo rostro de Benjamín y le ofreció: "Sr. Gutiérrez, ¿no quiere comer algo? Sé cocinar muy bien, puedo prepararle un bocadillo de medianoche si gusta."
"No es necesario." El tono de Benjamín era más frío que el hielo. "A partir de hoy, tienes estrictamente prohibido subir al segundo piso después de las nueve de la noche."
Su aura emanaba una advertencia helada. Tras decir esas palabras, caminó directo hacia la habitación principal, sin molestarse en darle siquiera una segunda mirada.
El rostro de Luisa palideció de inmediato. Se mordió el labio con fuerza, sintiendo cómo se le oprimía el pecho.
¡Siempre era tan frío y distante con ella!
Reprimió sus ganas de llorar y abandonó el segundo piso a paso rápido.
"..."
Josefina estaba en medio de un sueño profundo cuando sintió que alguien le apartaba las sábanas de un tirón. Abrió los ojos desorientada y se encontró con que Benjamín ya se había metido en su cama y la estaba abrazando con una fuerza abrumadoramente posesiva.
Intentó empujarlo de inmediato. "¿Qué haces? Suéltame."
Lejos de soltarla, él apretó el agarre, pegando sus cuerpos hasta que no quedó ni un milímetro de separación entre ellos.
Josefina sentía que no podía respirar. "¿Te volviste loco a mitad de la noche? ¡Suéltame!"
"Si te sigues moviendo, tal vez sí cometa una locura y pierda el control", respondió él con la voz cargada de advertencia y los ojos cerrados.
Esa simple amenaza fue suficiente para que Josefina se quedara quieta de golpe.
Sentía muchísima furia, pero cuando este hombre decidía comportarse como un sinvergüenza, a ella no le quedaba más remedio que ceder. Suspiró, cerró los ojos y trató de volver a dormirse.
Sin embargo, justo cuando empezaba a conciliar el sueño nuevamente, sintió un beso húmedo y ardiente sobre sus labios. Él delineaba el contorno de su boca con suavidad, succionando lentamente y robándole la poca paz que tenía.
Josefina levantó una mano para empujarlo del pecho. "¡Si tú no quieres dormir, yo sí!"
Pero Benjamín respondió con total cinismo: "Pero yo quiero besarte."
Desesperada, Josefina alzó la mano dispuesta a darle una bofetada.
Él atrapó su muñeca en el aire con un movimiento rápido y la inmovilizó por encima de la cabeza de ella. "Si me golpeas, te haré el amor ahora mismo."

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