Benjamín miró a la anciana con unos ojos cálidos y tranquilos, y preguntó: "¿Desea que nos reconciliemos, abuela?"
La abuela tardó unos segundos en responder, con voz pausada: "Ese es asunto de ustedes, no me meto. Pero me mantengo firme en algo: siempre apoyaré las decisiones de Jose. Así que espero que no hagas cosas que la pongan en una situación difícil."
Al escucharla, Benjamín bajó ligeramente la mirada. Después de un largo rato, asintió. "Está bien, lo entiendo."
Luisa no podía evitar lanzarle miraditas disimuladas. Tenía el corazón hecho un lío. Por un lado, quería que se divorciaran, pero por el otro, sabía que habían pasado por tanto y quizás merecían estar juntos...
¿Y su propia felicidad?
Estaba hundida en la más profunda confusión.
"..."
Josefina bajó en poco tiempo. Llevaba un vestido blanco sencillo y largo, y por encima un abrigo color beige. Dejó su cabello ondulado suelto y llevaba un maquillaje sutil, lo que le daba un aire exquisito y radiante.
"Abuela, hoy no voy a cenar en la casa." Josefina se acercó a la anciana y le habló con una sonrisa.
La abuela asintió con suavidad. "Muy bien, vayan y disfruten una buena cena."
Josefina le dio un abrazo cálido y se despidió. "Nos vemos más tarde."
"Sí."
Ambos se marcharon y la abuela tomó el control para encender la televisión.
Al principio, Luisa solo se encargaba de la limpieza, pero cuando Josefina notó que la chica sabía cómo hacer sonreír a la abuela, le pidió que ayudara a Natalia y Helena a cuidarla.
En ese momento, Luisa estaba sentada a un lado de la anciana, acompañándola a ver su programa.
Finalmente, no pudo resistir más la curiosidad y le preguntó con cautela: "Abuela, ¿sabe por qué discutieron el señor Gutiérrez y Josefina? Se ven bastante bien juntos."
Pasaron un par de segundos antes de que la anciana le respondiera: "No conozco los detalles, y tampoco es algo que a ti te incumba."
Luisa asintió apresuradamente, mortificada. "Tiene razón, no volveré a preguntar. Solo me preocupo por Josefina."
La abuela ya no volvió a abrir la boca.
...
Club Monte Claro.
"Ejem."
Se escuchó una leve tos. Benjamín le lanzó una mirada gélida al culpable y luego murmuró: "Vámonos."
Cristóbal se apresuró a pedir el elevador.
Estaba avergonzado a más no poder; no quería ser el mal tercio, ¡pero no era momento ni lugar para andarse con esas miradas devoradoras!
La forma en que Benjamín miraba a Josefina... ¡casi parecía que quería devorarla viva ahí mismo!
Cualquiera pensaría que, después de tantos rechazos y actitudes frías por parte de ella, él ya se habría rendido o se habría hartado.
¡Quién iba a imaginar que en realidad le prendía aún más estar cerca de ella!
Cristóbal negó con la cabeza en secreto. ¡No había quién lo entendiera!
Al entrar a la exclusiva sala VIP, notaron que los demás ya habían llegado. Federico también estaba ahí, junto a otros conocidos y varias chicas del club que intentaban animar el ambiente.
Federico, al ver a Benjamín cruzar la puerta, bufó con absoluto desprecio. "¡Eres un mentiroso! ¡Un grandísimo mentiroso!"

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