Josefina trató de ponerse en sus zapatos y comprendió perfectamente por qué Silvia estaba tan estresada en ese momento.
Mientras seguía acariciando a Lucky, le sugirió: "¿Por qué no vas a hablar con Cristóbal? Pregúntale cuáles son sus verdaderas intenciones."
Silvia la miró de reojo. "¿Crees que deba?"
"Él provocó este enredo, a él le toca solucionarlo. No es justo que cargues con toda la presión tú sola." Josefina sentía que Cristóbal no había actuado bien en absoluto.
Si no le gustaba, ¿por qué andaba diciendo cosas que causaban malos entendidos?
Y si le gustaba, debería buscar conquistarla de frente y como un hombre de verdad.
Al final, todo se había salido de control y la pobre Silvia era quien pagaba los platos rotos.
Silvia se mordió el labio y asintió. "Tienes razón. Lo llamo ahora mismo."
Josefina miró la hora. "Ya es tarde. Mejor me voy yendo."
Silvia asintió. "Va, vete con cuidado en el camino."
"Sí."
"..."
Una vez que Josefina se marchó, Silvia marcó el número de Cristóbal.
El teléfono dio tres tonos antes de que alguien contestara con voz soñolienta y adormilada.
"¿Bueno? ¿Qué pasó?"
Silvia disparó: "Cristóbal, ¿dónde estás? Necesito verte."
"¿Mmm? ¿Para qué me quieres ver?" Cristóbal se dio la vuelta en la cama y su voz sonó un poco más lúcida.
Silvia apretó los dientes. "¡¿Acaso tengo que recordarte la estupidez que hiciste?! ¡Eres un maldito idiota!"
"Oye, espérate...", se exaltó Cristóbal de inmediato. "¿Yo qué te hice? ¿Por qué me estás insultando de la nada? ¡Estás loca!"

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
Alguna forma de leer gratis?????...