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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 492

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¿Había escuchado bien?

¿Acaso el líder del segundo grupo de mercenarios más grande a nivel internacional, un hombre despiadado, con un nivel de peligrosidad fuera de las escalas, le estaba dando lecciones de moral?

Tenía códigos, pero solo cuando le convenía, ¿verdad?

Josefina no pudo contenerse y estalló en carcajadas.

Federico abrió los ojos con exagerada indignación. "¿De qué te ríes? ¿Acaso dije un chiste? ¡Qué mujer tan maleducada!"

Josefina agitó las manos rápidamente para calmarlo. "No, no, creo que tienes toda la razón. Prometo mantener mi distancia con él".

Pero apenas terminó de hablar, sintió un brazo fuerte rodear sus hombros, y al segundo siguiente, Benjamín depositó un beso profundo y posesivo en su mejilla.

Benjamín dirigió una mirada fría y desapasionada hacia Federico. "Es mi acompañante esta noche. Que tú vengas a querer darle lecciones de comportamiento no me parece nada adecuado".

"¡Tú...!"

Al ver su descaro, Federico lo señaló con el dedo, estallando de rabia. "¡Lo sabía! ¡Eres un sinvergüenza! ¡Te juro que le diré a tu esposa que la estás traicionando! ¡Eres un adúltero!"

Una sutil y casi imperceptible sonrisa se dibujó en los labios de Benjamín. "Adelante, ve y díselo".

Luego, bajó la mirada hacia el rostro de Josefina. "¿Tienes miedo? Mi esposa está a punto de descubrirnos".

Josefina: "..."

¡Quién quería seguirle el juego a ese par de infantiles!

Sin embargo, ver a Federico a punto de perder la cabeza por la indignación era bastante divertido.

Federico estaba al borde del colapso emocional. Antes, creía que Benjamín era un hombre de principios que haría cualquier trato por su esposa.

Pero ahora, lo estaba viendo engañarla en su cara, y peor aún, sin una gota de remordimiento.

Resignado e indignado, Federico se alejó hacia una esquina para seguir bebiendo a solas. Decidió que, de ahora en adelante, mantendría su distancia con ese infiel despreciable.

En cuanto a encontrar a la chica de su primera vez, al parecer tendría que hacerlo por su cuenta.

"..."

Federico, desde su rincón, soltó una carcajada burlona. "Me acuerdo de ti. Eres un tipo muy retorcido".

Leandro volteó a mirarlo, con el ceño fruncido. "Disculpe, ¿usted es...?"

Federico subió los pies a la mesa de cristal con total arrogancia. "Todavía no eres digno de saber quién soy".

Leandro sintió un sudor frío recorrerle la espalda ante el aura imponente y violenta que emanaba del extranjero.

Si su intuición no fallaba, algo malo le había pasado a Emiliano.

Todo iba bien, pero de repente había perdido contacto con él. Cuando por fin volvieron a comunicarse, su instinto le dijo que algo no cuadraba.

Sin embargo, sus superiores le habían ordenado reunirse con Emiliano, preferiblemente a solas, para deshacerse de él y borrar su rastro.

Por eso se había arriesgado a viajar a Santa Aurelia.

Pero ahora, ¿cómo demonios se suponía que iba a encontrar a Emiliano estando atrapado en esta trampa?

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