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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 500

Leandro miró al guardaespaldas con una evidente expresión de disgusto, pero decidió tragarse el orgullo. Volvió a fijar su vista en Emiliano y le dijo:

—El jefe me pidió que te preguntara si todavía te acuerdas de ese pequeño barco pesquero.

El cuerpo de Emiliano sufrió un leve estremecimiento. Tras unos segundos, cerró los ojos con pesadez.

—Lo recuerdo.

Leandro asintió lentamente.

—Qué bueno que te acuerdas. El jefe sabe en la situación en la que estás, por eso me mandó a visitarte.

Y sin previo aviso, se abalanzó corriendo hacia Emiliano.

Pero el guardaespaldas ya lo esperaba. De un rápido movimiento, sacó un bastón eléctrico y le dio una potente descarga en la espalda. Leandro lanzó un gemido ahogado, su cuerpo convulsionó de manera violenta, y se desplomó inconsciente en el piso.

No llegó ni a tocar a Emiliano.

Un destello de absoluta decepción cruzó por la mirada de Emiliano, y volvió a cerrar los ojos en silencio.

Poco después, Benjamín entró a la habitación con paso tranquilo.

—Si no me equivoco, su verdadero propósito aquí era silenciarte, ¿verdad?

Emiliano se quedó mudo.

Josefina, parada detrás de Benjamín, apretó los puños con frustración.

—¡¿Quién fue el maldito que te ordenó matarme?! ¡¿Por qué te niegas a decírmelo?!

Emiliano abrió los ojos a medias para mirarla y murmuró con voz débil:

—Porque si te lo digo, buscarás venganza... y ella no puede morir.

—¡Tú...!

Josefina estaba hirviendo de ira, pero se sentía totalmente impotente frente a la terquedad del hombre.

Por más que intentaran de todo, él no iba a soltar ni una palabra.

El rostro de Benjamín se mantuvo impasible, y dijo en un tono letalmente sereno:

—¿Recuerdas a la hermana de Cristóbal? Almudena Bustos. Lleva años dedicada al estudio de la mente, es una maestra de la hipnosis reconocida a nivel mundial. Hace unos días regresó al país y casualmente la invité a pasar unos días con nosotros. Dime, ¿cuántas sesiones crees que tu mente pueda resistir?

El cuerpo de Emiliano empezó a temblar. Clavó una mirada furiosa sobre Benjamín.

Al regresar a la Residencial Valle Niebla, el celular de Josefina comenzó a sonar. Lo sacó y vio el nombre de Silvia en la pantalla.

—Hola, Silvia.

Contestó rápido, asumiendo que su amiga finalmente había decidido irse de viaje lejos de Federico.

—Jose... me voy a casar.

¡La declaración cayó como una bomba!

La voz de Josefina subió dos octavas por la impresión.

—¡¿Casar?! ¡¿Con quién te vas a casar?! ¡¿Cuándo pasó esto?! ¡¿Por qué te casas de repente?!

—Ay... —se escuchó a Silvia suspirar con resignación—. Con Cristóbal. Ya firmamos el acta de matrimonio. Mis papás y los de él ya están enterados de todo, y esta misma noche ambas familias se van a reunir para planear la ceremonia.

¡¡¡Jose se quedó en blanco!!!

Abrió los ojos tan grandes como platos, en completo estado de shock.

—¡¿Tú y Cristóbal?! ¡Silvia, por el amor de Dios, explícame qué demonios está pasando!

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