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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 551

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Al llegar a Residencial Valle Niebla, Benjamín entró a la sala de estar llevando a Alberto en brazos. El ama de llaves y el resto del personal doméstico aguardaban de pie a un lado, mientras que, en los sofás, la bisabuela de la familia y Josefina esperaban pacientemente.

Al ver a tanta gente, Alberto se asustó de inmediato. Por puro instinto, rodeó el cuello de Benjamín con sus bracitos y observó su entorno con timidez.

—Él es Alberto, mi sobrino —anunció Benjamín, dirigiéndose primero al ama de llaves para dejar clara la identidad del niño—. A partir de hoy vivirá aquí, así que espero que lo cuiden muy bien.

El ama de llaves asintió con respeto.

—Por supuesto, señor. Nos aseguraremos de cuidar al niño con la mayor dedicación.

Con un sutil gesto de su mano, el ama de llaves indicó a los empleados que se retiraran para continuar con sus labores.

Benjamín se acercó a los sofás y bajó a Alberto con suavidad.

—A ella debes llamarla bisabuela —le indicó.

Aunque estaba lleno de temor, el niño demostró sus buenos modales. Se enderezó y, con voz formal, dijo:

—Hola, bisabuela.

El rostro de la anciana, adornado con una sonrisa amable, se quedó congelado por un par de segundos antes de asentir.

—Qué buen niño... Ven aquí, acércate a tu bisabuela.

Alberto dio unos pasos tímidos y permitió que la mujer tomara sus pequeñas manos.

—Pero qué delgadito estás, mi cielo. ¿No has estado comiendo bien? ¿Qué se te antoja para el almuerzo? Pediré que te preparen lo que más te guste —dijo la anciana, cuyo corazón se había ablandado desde el primer instante en que vio al pequeño.

Alberto era un niño hermoso y sus facciones compartían un ligero parecido con las de Benjamín, algo natural considerando que Benjamín y su hermano siempre se habían parecido mucho.

Sin embargo, en ese momento, el niño lucía tan frágil y diminuto. Su carita estaba pálida, con evidentes signos de desnutrición.

Todo aquello era consecuencia directa del veneno que había estado minando su salud. ¿Cómo podría Benjamín atreverse a descuidarlo?

—Eres muy buena, bisabuela. Te quiero —respondió Alberto.

El cariño de los niños suele ser tan directo como genuino. No estaba mintiendo; realmente le había agradado la anciana.

Ella irradiaba una calidez y una ternura que lo hacían sentir a salvo, provocando que deseara refugiarse a su lado.

La bisabuela volvió a quedarse muda por un instante antes de soltar una risa cálida.

—Yo también te quiero, mi niño. A partir de ahora somos familia, así que nos llevaremos de maravilla y seremos grandes amigos.

Ambos estrecharon sus manos como para sellar el pacto.

Capítulo 551 1

Capítulo 551 2

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