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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 553

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—¿Y tú serías capaz de sentirte mal? —preguntó Benjamín, fulminándola con una mirada glacial—. ¿Alguien de tu calaña realmente puede sentir dolor?

Magdalena no dejaba de negar con la cabeza, murmurando una y otra vez que no podía ser cierto. Sin embargo, su rostro palidecía a cada segundo y un inmenso terror, mezclado con una angustia asfixiante, comenzaba a devorarla por dentro.

Bajó la mirada hacia sus propias manos, temblando incontrolablemente.

Había sido ella. Ella misma le había dado a beber el veneno a su hijo. Su única intención era asegurarse de que no la separaran de él; sentía que no tenía otra alternativa.

Jamás quiso lastimarlo de verdad.

¡Era el niño que había llevado en su vientre durante nueve meses!

¡Había sido su único pilar emocional en los momentos más oscuros y desesperados de su vida!

Ella no quería que esto pasara...

Magdalena levantó el rostro empapado en lágrimas hacia Benjamín.

—Benjamín, por favor... si está así, me necesita más que nunca. Deja que yo lo cuide. Te juro que lo cuidaré con mi vida. ¡Jamás volveré a lastimarlo!

Pero Benjamín ya no tenía paciencia para escuchar sus estupideces. Volteó a ver a uno de los guardaespaldas y sentenció:

—Eres su madre, pero fuiste tú quien le causó el peor sufrimiento de su vida. Por lo tanto, me parece justo que experimentes el mismo dolor. Solo así entenderás realmente lo que le hiciste.

Sin agregar más, se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la salida.

El guardaespaldas que esperaba a un lado sacó una jeringa y se acercó directamente a Magdalena.

Ella retrocedió, tratando de escapar mientras gritaba frenéticamente.

—¡No! ¡No, por favor! ¡No puedes hacerme esto, Benjamín! ¡Te salvé la vida una vez, no me puedes pagar así!

—Sujétenla —ordenó fríamente el guardaespaldas.

Los demás hombres se abalanzaron sobre Magdalena y la inmovilizaron contra el suelo.

Un alarido desgarrador escapó de su garganta. Forcejeó con todas sus fuerzas, pero era inútil. Sintió cómo la aguja perforaba su piel y el líquido ingresaba en su torrente sanguíneo. Un pánico absoluto la invadió, sabiendo que ya no había vuelta atrás.

En medio del terror, una profunda y venenosa chispa de odio brilló en sus ojos. ¡Todo era culpa de ellos!

...

Para cuando Benjamín regresó a la casa, Alberto ya se había integrado sorprendentemente bien al ambiente familiar.

Estaba sentado frente a la bisabuela, enfrascado en una partida de ajedrez. Tanto la anciana como el niño parecían tomarse el juego con una seriedad absoluta.

En el otro extremo de la sala, Josefina revisaba su celular. Una sombra de preocupación se dibujaba en su frente.

Benjamín se acercó y se sentó a su lado.

Capítulo 553 1

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