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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 554

Cristóbal se quedó sin palabras...

La persona que Benjamín envió llegó poco tiempo después. Resultó ser nada menos que Felipe.

Cristóbal sintió que su rostro le resultaba familiar, así que preguntó frunciendo el ceño:

—¿Nos hemos visto en algún lado?

Felipe esbozó una gran sonrisa y respondió:

—Claro que sí, claro que sí. Yo siempre soy el que acompaña a la señorita Josefina.

—¿Y por qué estás recibiendo órdenes de Benjamín? —preguntó Cristóbal, mirándolo con evidente desconfianza—. ¿Josefina está al tanto de esto?

Felipe asintió sin dudar.

—Por supuesto, estoy aquí porque la señorita Josefina estuvo de acuerdo. Pero bueno, basta de charla. Vamos, Cristóbal, muéstrame lo que tienes.

Cristóbal no tuvo más remedio que aceptar el desafío.

Diez minutos después...

Cristóbal estaba tirado boca abajo en el suelo, pálido y sudoroso. Su pierna herida no dejaba de temblar.

Felipe sacó su celular, llamó a Benjamín y reportó la situación:

—No hay manera, jefe. Este muchacho no está ni cerca de recuperarse. Va a necesitar al menos dos semanas más de descanso. Y francamente, incluso cuando se recupere, va a tener que entrenar mucho más. Su base es demasiado débil. Si lo mandamos al extranjero en este estado, lo van a hacer pedazos en cuestión de segundos.

Cristóbal, tirado en el suelo, sentía que su orgullo se hacía trizas.

¿En serio era tan débil?

Felipe se acercó a él y le tendió el celular.

—Benjamín quiere hablar contigo.

Cristóbal tomó el teléfono y murmuró con voz apagada:

—Benjamín... solo quiero traerla de vuelta lo más rápido posible.

—Lo entiendo —respondió Benjamín con un tono inalterablemente sereno—. Pero en tu estado actual, no solo no la vas a rescatar, sino que te vas a convertir en una víctima más.

Cristóbal se giró para quedar boca arriba, mirando el techo con ojos vacíos.

—¿Dónde está ella ahora? ¿Qué está haciendo?

Kevin dejó escapar una risita cínica.

—Mira, la familia Hurtado puede ser de muy bajo perfil, pero eso no significa que cualquiera pueda meter las narices en sus asuntos. Me descubrieron casi al instante en cuanto empecé a escarbar sobre Ariadna. Los Hurtado me mandaron una advertencia directa, exigiéndome que dejara de investigar. ¿Tienes idea de cómo me lo advirtieron?

Kevin miró a la cámara y esbozó una sonrisa cargada de significado.

La mirada de Benjamín se ensombreció aún más.

—¿Eso es todo lo que lograste averiguar?

—Así es —admitió Kevin—. Es hasta donde pude llegar. Si escarbo un centímetro más, mi vida correría peligro.

El rostro de Benjamín se volvió gélido y solemne. La familia Hurtado era una fortaleza impenetrable; resultaba casi imposible que alguien ajeno a su círculo pudiera descubrir algo.

Y mientras Ariadna estuviera protegida tras esos muros, nadie podría saber cuáles serían sus próximos movimientos.

Al notar el denso silencio de Benjamín, Kevin decidió agregar, en tono casi filosófico:

—Si me piden mi opinión, ustedes dos deberían buscar un país pequeño donde nadie los conozca, cambiar de identidad y vivir tranquilos el resto de sus vidas. Si intentan enfrentarse directamente a la familia Hurtado, van a perder. Ni siquiera hace falta pensarlo mucho.

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