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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 573

Benjamín frunció el ceño al observarla, y de pronto la atención de todos se centró en el rostro de la joven.

Josefina bajó levemente la mirada y habló con calma: —Luisa no lo hizo con mala intención y ya prometió no volver a actuar por su cuenta. A la abuela le agrada su compañía; estar con ella la relaja bastante.

Al escuchar esto, el ceño de Benjamín se marcó aún más.

Luisa se inclinó de inmediato, agradecida. —¡Gracias, Josefina! Te prometo que no te decepcionaré, cuidaré muy bien de la abuela.

Josefina asintió suavemente. —De acuerdo, vuelve a tu trabajo. Si ocurre algo parecido en el futuro, asegúrate de avisarme a mí primero.

—Sí, así lo haré.

Luisa asintió con fervor.

Luego, dirigió una mirada tímida a Benjamín y se marchó a toda prisa.

Josefina notó la expresión fría que aún persistía en el rostro del hombre y decidió cambiar de tema: —Voy a ver cómo sigue la abuela.

Caminó directo hacia la habitación de la anciana.

Benjamín la siguió con la mirada. Aún con el ceño fruncido, sacó su celular y le envió un mensaje a Valentín antes de darse la vuelta y retirarse.

...

La abuela no estaba dormida. Josefina se acercó, se sentó al borde de la cama y tomó las manos de la anciana, que se sentían cálidas pero resecas.

—Abuela... desde que despertaste de la enfermedad, no me has dicho ni una palabra sobre ella. He estado pensando que tal vez querías verla, o al menos preguntarle algunas cosas. Pero hoy que por fin la viste, parecía que no tenías nada que decirle. ¿Podrías contarme qué es lo que sientes realmente en tu corazón?

—Pero luego me puse a pensar. Desde que conoció a Anaís en su adolescencia, dejó de ser cercana a mí. Después, pasó todo su tiempo al lado de esa mujer. Tal vez, desde entonces, ella comenzó a ver a Anaís como su verdadera madre, y yo me convertí en un simple cero a la izquierda en su vida.

Al escuchar esas palabras, a Josefina se le encogió el corazón. Apretó la mano de su abuela con fuerza.

—Eso no es cierto, tú no eres un cero a la izquierda.

—Para ella, lamentablemente, lo soy —respondió la anciana con una tranquilidad absoluta. Tras tantas décadas de lucha y sacrificios, ya había aprendido a ver la vida y sus decepciones con resignación.

El dolor en el pecho de Josefina se intensificó. Sintió cómo le picaban los ojos y el resentimiento hacia Jimena creció aún más en su interior.

La anciana suspiró profundamente y continuó: —Ah... estuve dudando tanto tiempo. Me preguntaba cómo decírselo y qué iba a reclamarle. Pero hoy, cuando la vi... cuando la vi tan pálida y enferma, de repente se me quitaron las ganas de hablar. Al final de cuentas, a ella tampoco le queda mucho tiempo en este mundo.

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