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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 579

La empleada respondió: —El joven Alberto la está buscando por todos lados. Despertó y, como no la vio, no ha dejado de llorar.

Josefina se quedó perpleja. Estuvo atónita por unos segundos, se señaló a sí misma y preguntó: —¿Alberto me está buscando a mí?

La empleada asintió con fervor: —Sí, sí, vaya a verlo, por favor.

Josefina estaba aún más sorprendida. El niño siempre le había tenido pavor. Aunque últimamente había logrado superar un poco ese miedo, lo máximo que había logrado era que no le temiera, ¡pero de ahí a que la buscara con tanto cariño, había un abismo!

Ella indicó: —Ve tú primero a calmarlo, me lavo la cara y voy para allá.

La empleada asintió: —Está bien, está bien.

Cuando Josefina empujó la puerta de la habitación infantil, se encontró con la mirada suplicante de Alberto. Apenas la vio entrar, soltó el feo muñeco de trapo que tenía en las manos y estiró los bracitos hacia ella: —¡Tía Jose, cárgame!

Josefina se sintió todavía más desconcertada, pero ¿quién podría resistirse a un niño haciéndole pucheros?

Se acercó, lo tomó en brazos y le preguntó: —¿Por qué lloras, eh?

Alberto se aferró a ella con fuerza, sorbió por la nariz y dijo entre sollozos: —Yo... yo pensé que la tía Jose ya no me quería, que le caía mal...

Mientras hablaba, el pequeño volvió a hacer un berrinche emocional y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

Josefina, hecha un manojo de nervios, se apresuró a consolarlo: —No, para nada. Solo me fui a mi cuarto a dormir, eso es todo.

Tras una pausa, añadió: —Además, tu tío siempre te va a querer.

Sin embargo, Alberto se aferró a las palabras clave: —¿Pero la tía Jose sí me quiere?

Josefina: "..."

¿Podía decirle que ni siquiera quería a su tío?

Justo cuando no sabía cómo responder, apareció Benjamín.

—Mocoso, ¿qué haces acaparando a mi esposa tan temprano?

Benjamín entró y le arrebató a Alberto de los brazos.

Josefina por fin pudo respirar aliviada.

Alberto sorbió por la nariz y le soltó: —La tía Jose no me quiere a mí, ¡y a ti tampoco!

Josefina: "..."

La voz tímida de Alberto resonó junto a su oído.

—¿Mmm?

Benjamín lo miró, recuperando su expresión natural como si nada pasara.

—Si la tía Jose ya no te quiere, ¿no te gustaría llorar un poquito? —sugirió Alberto con total seriedad—. Yo lloré, y la tía Jose vino a consolarme y hasta me abrazó. ¡Antes ni siquiera me habría atrevido a imaginarlo!

Benjamín: "..."

Le dio unas palmaditas en el trasero a Alberto y le respondió: —Solo los niños chiquitos lloran para que los consientan, esa es tu táctica secreta. A mí no me funcionaría.

Pero Alberto insistió: —¿Y si haces la prueba? ¿Quién quita y sí te funciona?

Benjamín se echó a reír y le dijo: —Ya basta, es hora de ir a desayunar. Más tarde te saco un rato a pasear.

La atención de los niños es muy fácil de desviar. Una vez que se sentó a la mesa y vio su desayuno favorito, todas las tristezas quedaron en el olvido.

Josefina se mantuvo en silencio todo el tiempo. La mirada de Benjamín se posaba sobre ella constantemente, y cuando terminó de comer, él se levantó para alcanzarla.

—Jose.

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