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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 580

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—Suéltame.

El tono de Josefina era completamente gélido: —No quiero verte en este momento.

Benjamín sintió una punzada de dolor en el pecho y las yemas de sus dedos temblaron levemente. Entendía a la perfección por qué ella tenía esos cambios de humor tan repentinos; todo era por su culpa.

A pesar de que había pasado mucho tiempo, la herida ya estaba hecha. Y mientras la cicatriz no sanara por completo, el dolor siempre encontraría la manera de resurgir, recordándole sin previo aviso todos los momentos amargos que la habían destrozado.

Sus dedos se abrieron lentamente, dejando su palma vacía, y ella subió las escaleras sin siquiera voltear a verlo.

El brazo de Benjamín cayó a su costado y su mano se cerró despacio hasta formar un puño.

Bajó la mirada, y una profunda capa de soledad y melancolía lo envolvió por completo, como si fuera un cachorrito abandonado en medio de la calle.

Luisa presenció la escena y un dolor inesperado le oprimió el pecho. Sintió un deseo inmenso de acercarse a él, de consolarlo y abrazarlo.

Pero ella no tenía ningún derecho a hacerlo.

Lo único que podía hacer era apartar la mirada, obligándose a no seguir viéndolo.

Pero sin darse cuenta, se topó de frente con la mirada de la abuela.

No sabía cuánto tiempo llevaba la anciana observándola, pero en esos ojos nublados por los años había una emoción que Luisa no logró descifrar.

¡En ese instante, Luisa entró en pánico!

¡Siempre se había esmerado en ocultarlo todo a la perfección!

¡Siempre lo miraba de lejos, escondida en las sombras, y jamás se había atrevido a revelar sus verdaderos sentimientos frente a nadie!

¡Sin embargo, la intensa mirada de la abuela la llenó de terror!

Al segundo siguiente, la anciana apartó la vista y siguió caminando hacia adelante.

Luisa se quedó con un nudo en el estómago. Se mordió el labio y decidió que encontraría el momento adecuado para tener una charla a solas con la abuela.

...

Josefina se pasó dos horas en el campo de tiro, descargando toda la frustración y la impotencia que llevaba dentro, hasta que por fin logró recuperar la calma.

Regresó a su habitación, se dio una ducha y, de pronto, recordó lo que le había pedido Luisa.

Quería agradecerle como era debido a Manuel.

Josefina tomó su celular, dudó por un momento, pero al final marcó el número de Manuel.

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