Al ver lo que estaba pensando, Benjamín la tomó de la mano, se sentó en el sofá y le dijo con un tono tranquilo: —Estando en casa todo el día es inevitable pensar de más. Salir a despejar la mente le hará bien a tu salud física y mental.
Josefina frunció sus hermosas cejas.
—Pero, ¿de verdad es un buen momento para salir?
Benjamín asintió.
—Si digo que es un buen momento, lo es. Elige una. Sal a relajarte, no puedes estar tan tensa, y además, no tendremos noticias de Ariadna por un buen rato.
Josefina bajó ligeramente la mirada hacia los documentos que tenía enfrente, los abrió y los revisó uno por uno.
Había rutas hacia el desierto, hacia las praderas e incluso hacia una selva tropical...
Les dio un vistazo rápido, luego lo miró a él y preguntó: —¿Por qué todas son en lugares aislados de la civilización?
—Estar en contacto con la naturaleza es bueno para el cuerpo —Benjamín curvó los labios en una sonrisa—. Te ayudará a abrir la mente y a relajar los nervios por completo.
Josefina volvió a mirar las opciones, se quedó en silencio por un momento y finalmente dijo: —Entonces vayamos al desierto.
—De acuerdo.
Benjamín asintió.
—Yo me encargaré de planear la ruta. Por ahora, ve a comentárselo a la abuela.
Josefina preguntó: —¿No vamos a llevar a la abuela y a Alberto?
Benjamín negó con la cabeza.
—No. Solo iremos nosotros dos.
Hizo una pausa, le apretó la mano y dijo: —¿Puedo tomarlo como una compensación por nuestra luna de miel? Después de nuestra boda, comencé a estar muy ocupado con los asuntos del corporativo y nunca tuvimos una verdadera luna de miel.
Josefina apartó su mano de inmediato y dijo con un tono indiferente: —Si esa es la idea que tienes, entonces mejor olvídalo. No hay necesidad de ir.
Benjamín se quedó en silencio.
Había calculado mal.
Realmente había perdido la compostura al confesar sus verdaderas intenciones tan directamente.
Tras colgar, Benjamín no fue a buscar a Josefina para mencionarle el asunto; simplemente continuó ocupado como de costumbre.
Al caer la noche, fue directamente a su habitación y la cansó tanto en la cama que ella apenas podía abrir los ojos. Luego la bañó, la vistió y la sacó en brazos de Residencial Valle Niebla.
No fue hasta que estuvieron en el helicóptero que Josefina, medio aturdida, sintió algo y abrió los ojos.
Al darse cuenta de que estaba a bordo de la aeronave, se despertó de golpe, se incorporó bruscamente y miró al hombre a su lado.
—¡¿Qué significa esto?!
Benjamín respondió con calma: —Los paisajes del desierto son increíbles. Puedes experimentar los cambios de temperatura entre el día y la noche, pasear en camello y ver un cielo lleno de estrellas. Es hermoso, te aseguro que te encantará.
El rostro de Josefina mostraba una total frialdad.
—Pero te dije que iba a considerarlo.
Benjamín simplemente abrió las manos en un gesto de resignación.
—Pero ahora ya estamos en el helicóptero, Jose. Ya estamos aquí, deja de pensar en todo lo demás, ¿de acuerdo?

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