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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 596

Josefina: "..."

Lo miró sin palabras, y tras soltar una ligera burla, dijo: —¿Benjamín, no me estarás ocultando algo, verdad? Me trajiste al avión con tanta prisa, ¿acaso tienes miedo de que me entere de algo?

Al escucharla, Benjamín arqueó levemente una ceja. Sus oscuros ojos se clavaron en ella. —A estas alturas, ¿qué podría ocultarte? Lo del pasado fue un malentendido. Aprendí la lección y te juro que no volveré a cometer el mismo error.

Pero Josefina insistió: —Se trata de Silvia. ¿Ya sabes dónde está? ¿Llegaste a algún tipo de acuerdo con Federico y por eso te niegas a decírmelo a mí o a Cristóbal?

Estaba tan serena y perspicaz que prácticamente había deducido la verdad.

Benjamín suspiró para sus adentros. Su Jose realmente había madurado muchísimo.

Pero, de verdad, no podía decírselo.

Estaba en juego la seguridad de ella.

Ya que había hecho un trato, debía cumplir su palabra.

Además, Silvia no corría peligro en manos de Federico. Ese hombre estaba obsesionado con ella; jamás permitiría que saliera lastimada.

Pero nada de eso podía decírselo a Josefina.

—De verdad no sé dónde está Silvia. El cuerpo de Cristóbal aún no se recupera, no puedo dejar que se arriesgue. Ir al extranjero ahora sería una sentencia de muerte para él —dijo Benjamín con un tono suave y calmado.

La miró fijamente. —Jose, de verdad solo quería que saliéramos de viaje para despejar la mente. Hemos pasado por demasiadas cosas últimamente, hemos estado bajo mucha tensión. Necesitamos relajarnos... porque cuando volvamos, no sabemos a qué nos enfrentaremos.

Al escuchar esas palabras, el corazón de Josefina se encogió. Sabía que en el futuro tendría que enfrentarse a Ariadna.

La niña mimada de una de las familias más poderosas y ricas.

¿Acaso tenía alguna posibilidad de ganarle?

Bajó la mirada levemente. De pronto sintió que él tenía razón.

Ya que estaban allí, lo mejor era disfrutar el momento.

Al fin y al cabo, contra Ariadna, sus posibilidades de supervivencia eran casi nulas.

Josefina se cubrió la cabeza con un pañuelo de seda y se puso gafas de sol. Al salir de la habitación, sintió el calor del sol sobre su cuerpo; no era tan abrasador como imaginaba, sino más bien cálido y reconfortante.

Benjamín se acercó y le dijo: —Hice una reserva en un restaurante cercano. Vamos a comer primero. De paso, aprovechas para llamar a la abuela.

—Mhm —asintió ella.

Llegaron al restaurante. Mientras esperaban la comida, Josefina hizo una videollamada a la anciana.

La llamada se conectó de inmediato y el rostro arrugado de la abuela apareció en la pantalla del celular, con Natalia, quien la cuidaba, de pie a su lado.

—Abuela.

La anciana al otro lado de la pantalla tardó unos segundos en reaccionar antes de fruncir el ceño y preguntar: —¿En dónde te metiste?

Josefina le pasó directamente el celular a Benjamín. —Díselo tú.

Benjamín: —¿?

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