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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 635

—Mjm.

Benjamín giró la cabeza hacia él. Ya no quedaba ni rastro de fragilidad ni lástima en su expresión.

—¿Qué dijo Federico? —preguntó con frialdad.

—El señor Federico no ha respondido los mensajes —informó Valentín.

—Ja... —Benjamín soltó una risa seca—. Parece que no quiere vivir en paz.

—¿Deberíamos hacer pública su ubicación actual? —sugirió Valentín.

—Dale una última advertencia. Si no aprovecha esta oportunidad, publícalo todo —ordenó Benjamín sin inmutarse.

—Entendido.

Valentín asintió y salió de la habitación del hospital.

...

Al otro lado del océano.

El helicóptero aterrizó en el helipuerto de la isla privada.

La puerta de la cabina se abrió. El viento agitaba con fuerza la ropa del hombre y despeinaba su cabello corto.

Era alto, de piernas largas, y llevaba gafas de sol. Tenía unas facciones sumamente atractivas, pero un aura de furia sombría lo envolvía por completo.

Salió a grandes zancadas del helipuerto y se subió directamente a un auto, acelerando a fondo hacia el castillo que se erigía a lo lejos.

Justo en ese momento, su celular sonó. Era un correo electrónico. Lo miró de reojo, y al ver que el remitente era la cuenta de Benjamín, frenó en seco.

Bajó la ventanilla del auto, dejando que la brisa marina entrara de golpe para disipar un poco la sofocante frustración que le oprimía el pecho.

Acto seguido, tomó el celular para revisar el correo.

Eran tres correos en total. Los dos primeros preguntaban por Ariadna Hurtado y un misterioso mercenario; el último era una amenaza directa: si no respondía, su ubicación se haría pública.

—Maldita sea —maldijo Federico en voz baja. Se quitó las gafas de sol, las arrojó a un lado y comenzó a teclear una respuesta.

En cuanto terminó, apagó el celular por completo, encendió el auto de nuevo y aceleró hacia el castillo.

Mientras más se acercaba, más ardía la furia en su pecho.

Cuando el lujoso auto deportivo se detuvo frente a la entrada del castillo, cerró la puerta de un portazo y entró a grandes zancadas.

Silvia Téllez estaba intentando hacer un arreglo floral.

Cuando vivía en casa, la señora Téllez la había inscrito en clases de ese tipo, pero a ella jamás le había gustado lidiar con plantas, así que no tenía paciencia para ello.

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