Al enterarse de aquello, Lorena solo sintió que su mente explotaba.
Benjamín Gutiérrez tenía un enredo con su propia cuñada y por ella había descuidado a su esposa.
Con razón Josefina estaba tan herida y deseaba divorciarse.
¡Era simplemente despreciable!
El rostro de Benjamín se ensombreció; con voz helada le contestó:
—No juzgues si no conoces toda la historia. Doctora Lorena, limítate a hacer tu trabajo; al fin y al cabo, pagué por él.
Lorena se burló.
—¿Acaso crees que me importa tu sucio dinero?
Josefina la jaló a tiempo para evitar que se desatara una pelea entre ambos.
Negó con la cabeza hacia Lorena y sacó su celular. La fría voz electrónica femenina se dejó oír:
—Comencemos.
Lorena tomó aire un par de veces antes de decir:
—Jose, de verdad tienes mucha paciencia. ¡Si fuera yo, me encargaría de matar a ese par de malditos!
Luego, se acercó un poco más y agregó:
—Si no se puede hacer en el país, lo haría en el extranjero para que no volvieran nunca más, y así no me estarían estorbando.
Josefina sonrió al ver que Lorena genuinamente se preocupaba por ella y sentía rabia por aquellas cosas.
Ya no quería recordarlas.
Se recostó directamente en el sofá y cerró los ojos.
Lorena se volvió hacia Benjamín:
—¿Qué haces ahí parado? ¡Acuéstate en la cama!
Benjamín enmudeció.
Benjamín irradiaba un aura tan helada que la temperatura en la habitación parecía haber bajado unos cuantos grados.
Lorena sintió que una extraña ráfaga de frío la envolvía y de forma instintiva echó un vistazo al aire acondicionado.
Ya estaban en invierno, ¿cómo era posible que el aire acondicionado estuviera enfriando?

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Comentarios
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