Josefina escribió en su celular:
—Ya encontré a una doctora, es muy buena. Muchas gracias.
Manuel se quedó callado un momento antes de decir:
—Aún no me acostumbro a hablar contigo de esta manera, y me duele verte así. ¿Te incomoda contarme cómo pasó? Quizás pueda ayudarte.
Josefina esbozó una sonrisa y continuó escribiendo:
—Fue solo un accidente, me recuperaré pronto.
Manuel asintió.
—Mhm, espero que te mejores rápido. Tengo muchas ganas de volver a hablar contigo normalmente.
Josefina sonrió y no escribió más. En ese momento, su celular vibró. Era un mensaje de Luisa Estévez.
Luisa: [Jose, ¿el Sr. Fuentes fue a buscarte?]
Luisa: [Me lo encontré por casualidad en una conferencia en la universidad, platicamos un poco y le conté lo tuyo. Jose, perdón, me acabo de dar cuenta de que tal vez no estuvo bien hablarle de tu situación.]
Luisa: [Jose, sé que me equivoqué.]
A través del texto, Josefina podía percibir la incomodidad y ansiedad de Luisa. Una mirada de resignación pasó por sus hermosos ojos.
Josefina: [No pasa nada, esto tampoco era un secreto. No te culpes.]
Luisa: [¿De verdad? Qué alivio que no estés enojada.]
Luisa: [Jose, ¿cuándo tienes tiempo? Quisiera invitarte a comer.]
Josefina: [Tú concéntrate en tus cosas, cuando yo tenga tiempo te aviso.]
Luisa: [Está bien.]
...
Al llegar al restaurante, Manuel la guio hacia un salón privado. Justo cuando subían las escaleras, una mujer madura se acercó a ellos.
—Manu —saludó la mujer con una sonrisa, extendiendo la mano—. Qué casualidad encontrarte aquí.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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