Valentín relató el contenido de la foto con muy mala cara.
—Lo que hizo el Sr. Federico es ir demasiado lejos.
Si no le agradaba Cristóbal, bien podría haber enviado a alguien a desviar su atención para que no encontrara la isla, o haberlo noqueado y avisar directamente a Benjamín para que lo recogiera.
Pero lo encerró y lo torturó hasta dejarlo en ese estado.
¿Qué demonios pretendía?
El tono de Benjamín era muy frío.
—¿Fue al Canal de Solón?
Valentín asintió.
—Ya está de camino.
—Avisa a Kevin —dijo Benjamín con indiferencia—. Que saque directamente a Silvia y a Cristóbal de la isla. Esta vez, aumenta el pago a cien millones.
—Entendido.
—Además... —Valentín respiró profundo antes de continuar—: El Presidente Gutiérrez ha estado yendo al grupo a inspeccionar el trabajo últimamente. También ha expresado muchas objeciones a las decisiones que usted tomó, pero como no tiene muchas acciones, no tiene poder de decisión. Los vicepresidentes no lo han apoyado, pero si esto sigue así, es muy probable que empiecen a dudar.
Al fin y al cabo, los ojos de Benjamín seguían sin sanar. Quién sabía si alguna vez se recuperarían. ¿Acaso iban a seguir a un presidente ciego para siempre?
¿No sería eso llevar al grupo a la ruina?
—Que haga lo que quiera con los proyectos que no son importantes —respondió Benjamín.
—Entendido.
Valentín terminó de informar sobre el trabajo y se marchó de Residencial Valle Niebla.
La inmensa propiedad se sentía muy solitaria esos días. Benjamín les había pedido a los empleados que no deambularan, mientras él caminaba de un lado a otro por las habitaciones, familiarizándose con el entorno.
Cuando se golpeaba accidentalmente con algo, palpaba el área, tomaba una foto con su celular y se la enviaba a Josefina.
No decía nada, solo enviaba las fotos.
Josefina: [Si quieres hacer algo, pídeselo a alguien más. No lo hagas tú solo.]

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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