Al verlos entrar, el enfermero se acercó y les explicó:
—Estuve vigilándolo todo el tiempo. Despertó hace una hora, pero no hablaba, solo miraba fijo al techo. De pronto, empezó a sonreír como un niño y a repetir "Jose" sin parar. Por eso los llamé de inmediato.
Felipe preguntó:
—¿Llamaste al doctor?
El enfermero asintió:
—Sí, el médico de guardia lo revisó y dijo que debíamos esperar a que llegaran los familiares para hacerle unas pruebas. ¿Le aviso ahora que ya están aquí?
—Sí, ve —asintió Felipe.
El enfermero salió rápido de la habitación.
Felipe se volvió hacia Josefina y le dijo:
—Jose, no te preocupes demasiado, seguro no es nada grave.
—Jose... Jose...
Sin embargo, en la cama, Andrés seguía murmurando ese nombre. Tenía la mirada vacía, casi ida, y el rostro desprovisto de expresión alguna.
Josefina apretó los labios y se acercó. Al pararse junto a la cama, Andrés, que había estado mirando al techo, movió los ojos y se detuvo en su rostro.
—¿Eh? ¿Jose? —exclamó con sorpresa. Sonrió de tal manera que las arrugas de su rostro se juntaron, pareciendo una flor marchita.
Pero enseguida sacudió la cabeza:
—Tú no eres. Jose no es tan grande, Jose es chiquita, apenas tiene diez años.
De inmediato dejó de mirarla, volvió a clavar la vista en el techo y siguió repitiendo aquellas palabras: "Jose".
Al ver eso, el corazón de Josefina dio un vuelco.
Poco después llegó el médico. Al ver que la familia estaba allí, les dijo:
—Ahora lo llevaremos a hacerle unas pruebas. Tengo un par de sospechas: puede ser amnesia o bien un principio de Alzheimer. Tienen que estar preparados.
Alzheimer. También conocido como demencia senil.
Fuera lo que fuera, había que esperar los resultados.

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