Su mirada era brillante, sin rastro del desgaste y el sufrimiento de tantas vivencias. Sacudió la cabeza y luego, debido a un dolor, frunció el ceño, soltando un par de quejidos antes de continuar:
—Aunque te parezcas, no puedo llevarte a casa. Solo puedo tener a mi Jose. Si traigo a otra niña, seguro que ella se pondría muy triste y lloraría.
Después de decir eso, apartó la mirada y siguió murmurando el nombre de Jose.
Al oír sus palabras, el rostro de Josefina se paralizó, y una punzada aguda le atravesó el pecho. Pero así como llegó el dolor, rápido se esfumó.
Respiró profundo, se dio la vuelta y salió de la habitación.
Le pidió a Felipe que contratara a un segundo enfermero; así tendrían a dos personas cuidando de Andrés a tiempo completo, y luego se marchó.
Era todo lo que podía hacer por él.
No pensaba perdonarlo, ni volver a darle vueltas a todo lo ocurrido. Aún le quedaba un largo camino por delante; no podía permitirse estar estancada en la amargura del pasado sin poder salir.
...
Residencial Valle Niebla.
En cuanto Lorena la vio entrar, se le acercó de inmediato, preguntando con evidente preocupación:
—Jose, no pasó nada grave, ¿verdad?
Josefina usó su celular para responder: "Tiene demencia senil."
Lorena se quedó helada al escuchar aquello y luego preguntó:
—¿Y ahora qué vas a hacer?
"Nada en especial", tecleó Josefina. "Más adelante lo internaré en un asilo; será mi forma de pagarle por haberme criado."
Lorena asintió en acuerdo.
—Sí, me parece lo mejor. Te hicieron mucho daño y aún así llegas a este punto. ¡Que se arrepientan!
Josefina forzó una leve sonrisa, no dijo nada más y se dirigió directamente al comedor.
Benjamín estaba allí. Al oír sus pasos, giró un poco la cabeza en su dirección y le dijo:
—Felipe ya me contó todo lo que pasó. Si necesitas algo, dímelo.
Josefina se sentó y articuló lentamente:
—No... nece... si... to... na... da.
Benjamín asintió:

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