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La Omega del Alfa herido romance Capítulo 1

–¡Tú no puedes ser mi pareja!

El mundo de Lyra se detuvo.

Las palabras del Alfa Kael le atravesaron el pecho como una lanza afilada. Era imposible. Lo conocía desde que era una niña. Habían crecido juntos. Aunque ella era solo una Omega huérfana y sin loba, él siempre la había tratado con amabilidad. En secreto, lo había amado desde los quince años, desde aquel día en que lo vio transformarse por primera vez al cumplir los dieciocho. Desde entonces, le había rezado cada noche a la Diosa Luna para que él encontrara a su pareja destinada, alguien digna de acompañarlo como Luna.

Nunca imaginó que esa persona sería ella.

El lazo se había revelado horas antes, con una intensidad abrumadora. Lyra había sentido el llamado en lo más profundo de su ser y había corrido a buscar a su pareja, sin saber que era él, cuando lo vio, esperanzada, emocionada y con el mayor éxtasis, temblando de emoción corrió hacía él. Pero en lugar de un abrazo, la esperaba un puñal de palabras.

—Kael, yo sé que esto es inesperado, pero… —empezó a decir con voz entrecortada.

—¡No, tú no sabes nada! —rugió él, con la furia del Alfa vibrando en cada sílaba—. ¡Ni siquiera tienes una loba! No puedes ser la Luna de esta manada.

El golpe fue certero.

Lyra bajó la cabeza. Tenía razón. Ella era una Omega sin lobo, una huérfana criada por un viejo curandero, sin sangre noble, sin pasado glorioso. No era nadie. Y sin embargo, el lazo estaba ahí, palpitando entre ellos como un hilo invisible que tiraba de su alma.

—Lo siento, Kael —susurró.

—¡Cállate! —gruñó él, sentía la atracción, pero se resistía a aceptarlo, Lyra solo era una Omega débil, no podía ser su loba, estaba bien que fuera una sirvienta de la casa, pero una Luna, no ese no era su papel —. Será mejor que rompamos el vínculo de una vez.

Kael dio un paso adelante, alzando la voz de forma cruel…

—Yo, Kael, Alfa de la manada Oeste, te rechazo a ti, Lyra, como mi pareja y Luna.

El aire se volvió pesado. El dolor no fue emocional, fue físico. Lyra sintió que su piel se desgarraba, como si una garra invisible le abriera el pecho. Se dobló por el impacto invisible, tratando de no gritar.

—¡Acéptalo! —le exigió Kael, con frialdad—. No tienes loba, no debería dolerte tanto.

Ella se obligó a alzar el rostro. Las lágrimas le empañaban la vista, pero su voz fue clara, aunque débil.

—Yo, Lyra de la manada Oeste, acepto tu rechazo, Alfa Kael.

En ese instante, el dolor se volcó sobre él. Kael gimió, llevándose una mano al corazón. Sus rodillas golpearon el suelo.

Capítulo 1 1

Capítulo 1 2

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