Isabella se quedó pensando un buen rato.
—No, no me acuerdo.
—¡Llevo todo el día emocionado esperando tu llamada y resulta que no te acuerdas! —gritó Óscar al otro lado de la línea.
—¿De qué se trataba?
—¡Prometiste que cuando invitaras a comer a Floriana hoy, me llevarías!
Isabella por fin se acordó.
—Ah, sí, pero ¿dije que sería precisamente hoy?
—¡Tiene que ser hoy! ¡Hasta me fui a arreglar el pelo!
—¿Qué arreglo le puedes hacer a un corte a rape?
—¡También me compré ropa nueva!
—Un hombre…
—¡Y me hice un facial!
Ya no tuvo corazón para negarse.
—Está bien, espérame. Primero le voy a llamar a Floriana para ver si tiene tiempo esta noche.
—Claro que tengo tiempo, de hecho, pensaba llamarte —respondió Floriana, con un tono alegre.
—Oye, ¿puedo llevar a Óscar?
—¡Por supuesto! Me cae muy bien.
—Pues no se lo vayas a decir en su cara, que es capaz de malinterpretarlo y pensar que te has enamorado de él.
Floriana se rio.
—Pero si es solo un niño.
—Pues él no lo ve así. Anda por ahí diciendo que va a ser tu hombre.
Eso hizo que Floriana no parara de reír.
—Está bien, prometo no darle falsas esperanzas.
***
Después del trabajo, Isabella pasó a recoger a Óscar por la escuela, pero él también había invitado a Leandro.
—Y por eso te enamoraste de ella.
—¿Y a quién no le gustaría? ¡Es la mejor! Además, yo la conocí y me enamoré de ella mucho antes que Facundo. ¿Por qué tuvo que ser él quien se casara con ella, mientras que yo terminé siendo el hermano del mejor amigo de su esposo?
El simple hecho de mencionar su matrimonio lo ponía furioso.
Isabella guardó silencio. Empezaba a sospechar que los sentimientos de Óscar por Floriana no eran tanto de amor romántico como de… ¡complejo de Edipo!
***
Habían quedado en un restaurante de comida italiana. Floriana ya estaba allí. Óscar corrió hacia ella y, cuando Floriana le tendió la mano con una sonrisa para saludarlo, él la abrazó con todas sus fuerzas.
—¡Floriana, gracias por invitarme a comer! ¡Estoy muy emocionado!
Floriana rio.
—En realidad, la que me invitaba era tu cuñada, pero como te has emocionado tanto, que sea yo la que invite.
Isabella se tapó la cara. Qué vergüenza.
Leandro sentía lo mismo, pero ya estaba acostumbrado.
—Desde que lo conozco, mi vida es una vergüenza constante.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...