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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1077

El Club Ensueño era un club nocturno ubicado dentro del territorio de la Hermandad Gutiérrez.

A Humberto ya le habían curado las heridas de forma superficial. Se levantó, sirvió una taza de té y se la entregó personalmente a Jairo.

—Señor Crespo, de no ser por usted esta noche, habría dejado la vida en manos de esos desgraciados —le dijo, brindando con la taza.

Jairo levantó ligeramente su taza y dio un sorbo.

—No es nada, Don Humberto.

Humberto se sentó, sus ojos se movieron con astucia y añadió:

—Supongo que su presencia en ese lugar no fue una simple coincidencia, ¿verdad?

Jairo dejó la taza sobre la mesa y se recargó en el sofá.

—Dos tigres no pueden gobernar la misma montaña. Si la Alianza Lunar, que recién empieza a ganar poder, quiere convertirse en la dueña del bajo mundo de Nublario, primero tiene que derrocar a la Hermandad Gutiérrez. Por eso han estado tan activos atacándolos últimamente, ¿cierto?

Mientras hablaba, Jairo miró a Humberto con una sonrisa que se formaba lentamente en sus labios.

Humberto resopló con frialdad.

—La Alianza Lunar no es más que una pandilla nueva que surgió hace apenas dos años, y creen que pueden desafiarnos...

—Pero esta noche estuvieron a punto de salirse con la suya.

Humberto se quedó mudo y su rostro se volvió aún más pálido.

Jairo tenía razón. Estuvieron a punto de lograrlo.

—Ese es el problema con las pandillas nuevas: actúan de forma precipitada, sin pensar en las consecuencias. Pero no importa, ya arreglaré cuentas con ellos. —Aunque dijo esas palabras, sus ojos lo delataban; no tenía tanta confianza como aparentaba.

—La Alianza Lunar tiene a alguien respaldándolos —soltó Jairo, apuntando directo al talón de Aquiles de Humberto.

—La Hermandad Gutiérrez tampoco se dejará pisotear tan fácil.

—Están respaldados por la familia Prado.

—Don Humberto, ¿todavía no lo entiende? La familia Prado planea retomar el control del bajo mundo de Nublario.

Humberto se sorprendió al oírlo.

—¿De verdad tienen necesidad de hacer eso?

Cualquiera querría limpiar su nombre, y la familia Prado ya lo había logrado. Volver a meterse en los asuntos del bajo mundo... Simplemente no tenía sentido.

—Es porque la familia Crespo los ha arrinconado, no les queda de otra.

—¿La familia Crespo? ¿Usted?

Jairo entrecerró los ojos.

—La familia Crespo siempre paga sus deudas. Ellos mismos se lo buscaron.

La cabeza de Humberto era un lío. Siempre había creído que la familia Prado y la familia Crespo estaban en el mismo bando, compartiendo penas y glorias. ¿Cómo era posible que de repente estuvieran peleados?

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