La pelea no se detuvo hasta que llegaron Jairo y Facundo.
—Hermano, están molestando a Floriana, ellos…
—¡Cállate! —le ordenó Jairo a Óscar.
Óscar no quería obedecer, pero al ver el cabello revuelto de Floriana y su abrigo manchado, no pudo más y se echó a llorar.
—Facundo, no sé cómo ofendí a Floriana, pero de repente vino y me pegó. ¡Mira cómo me dejó la cara…! ¡Ay, cómo duele!
Facundo miró a Andrea y, al ver las heridas en su rostro, su expresión se heló de inmediato.
Isabella también miró y contuvo el aliento. Andrea tenía un rasguño debajo del ojo izquierdo, parecía hecho con una uña. Era bastante profundo y sangraba mucho.
«Seguro le va a quedar cicatriz», pensó.
Facundo miró a Floriana con una dureza gélida en los ojos.
Floriana respiró hondo y dio un paso al frente.
—Yo…
—No tiene nada que ver con Floriana, fue…
—¡Fui yo!
En medio de la trifulca, entre empujones y arañazos, quién sabe quién había rasguñado a Andrea. Floriana se adelantó para asumir la culpa, y Óscar también para protegerla. Pero si él se echaba la culpa, solo empeoraría las cosas, así que Isabella decidió cargar con todo.
A ella no le importaba qué tan enojado estuviera Facundo; no le tenía miedo.
—¡Mi amor!
Corrió hacia Jairo con cara de indignación y se señaló el rostro.
—Mira, ¿a que estoy herida? Me duele mucho.
Jairo le siguió el juego, le tomó la cara entre las manos y la examinó con atención durante un buen rato.
—¿De verdad?
—¡Mira bien!
—Creo que está un poco rojo…
—¡Fue esa mujer! —señaló de inmediato a Andrea—. Estábamos aquí tan tranquilos, celebrando, y ella vino a provocar. Empezó a decir que era la gran cosa, que estaba embarazada de no sé quién, y que ese no sé quién le ayudó a quitarle a Floriana el papel por el que tanto había trabajado durante medio año.
—Imagínate qué coraje. Y lo peor es que Floriana ni siquiera le hizo caso, pero ella empezó a inventar chismes, ¡diciendo que Óscar era el mantenido de Floriana!
—¿Cómo va a ser un mantenido el joven heredero de la familia Crespo? Además, Floriana está casada. Conociéndola, ¿tú crees que sería capaz de hacer algo tan descarado como tener un amante?
—¿Verdad que no?
Andrea negó rápidamente con la cabeza, fingiendo ser una víctima.
—Floriana, no me atrevería, yo…
Floriana no la dejó terminar. Se dirigió a la salida y, al pasar junto a Facundo, le preguntó con una sonrisa burlona:
—¿Verdad que soy muy generosa?
Facundo frunció el ceño.
—No te dejes llevar por el coraje. No me gusta que te pongas así.
—¿Ya no te gusta? Entonces déjame en paz.
—¡Ni lo sueñes!
Floriana se rio, pero mientras reía, las lágrimas comenzaron a brotar.
—¡Facundo, eres un desgraciado!
Floriana salió llorando. Óscar corrió tras ella, e Isabella, preocupada, le pidió a Leandro que los acompañara para asegurarse de que Floriana llegara bien a casa.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...