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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 394

Ivana se llevó una mano al pecho. El presentador había invitado a la señora Crespo al escenario, ¿qué hacía ella allí? ¿Acaso pensaba que nadie en la sala sabía quién era la verdadera señora Crespo?

Al robar el protagonismo de esa manera, ¡solo confirmaba lo que Isabella había dicho antes sobre ella, que codiciaba a su marido y quería ser la otra!

¡Nadie se busca una mala reputación a propósito!

—Oye, ¿por qué subió ella?

—¡Sí, si ella no es la señora Crespo!

—¡Con razón la señora Crespo la llamó descarada! ¡Ya sacó a relucir sus sucias intenciones!

—¡Durante el día parada junto al señor Crespo y ahora correteando por todo el salón! ¡Se nota que está desesperada por ser la amante!

Ivana respiró hondo. Hay cosas que se pueden hacer en secreto, pero no a la vista de todos. Se pueden soportar los rumores, pero no dejar pruebas. Al subir al escenario, Adriana había confirmado todas las especulaciones.

En medio de los murmullos, Adriana terminó su discurso.

Se mostró elegante y serena, y entre los aplausos, se convenció de que haber subido al escenario había sido la decisión correcta.

En ese momento, las luces del salón se apagaron y un único foco iluminó la alfombra roja del frente.

—A continuación, invitamos al señor Jairo Crespo a abrir el baile.

Cuando el presentador terminó de hablar, Jairo se situó bajo el foco de luz.

El corazón de Adriana volvió a acelerarse. Jairo la estaba esperando, iba a caminar hacia él…

Pero entonces, el foco giró y, como por arte de magia, apareció Isabella, ataviada con un vestido de noche rojo palabra de honor. Sonreía levemente, radiante y majestuosa, deslumbrando a todos los presentes.

La luz se quedó fija en ella. Jairo, desde la penumbra, caminó hacia ella, paso a paso, con la mirada fija en ella, solo en ella.

Cuando la música comenzó a sonar, él tomó su mano, rodeó su esbelta cintura con el otro brazo, se inclinó para besarle la frente y comenzaron a bailar.

Eran el centro de atención, pero de vez en cuando, la gente miraba de reojo a Adriana, que seguía en el escenario.

Estaba allí, inmóvil, con el vestido manchado de vino tinto, luciendo patética y ridícula, como un payaso.

Aprovechó para tomar un café y descansar un poco.

Y como Adriana se había esforzado tanto, por supuesto que tenía que darle una oportunidad de lucirse. Por eso le pidió al presentador que añadiera de improviso el discurso de la señora Crespo, y ella, tontamente, subió al escenario.

Quería precisamente eso, que sus sucias intenciones quedaran al descubierto para que todos supieran qué clase de persona era.

Jairo le dio un pellizco disimulado en la cintura. Cuando ella lo miró con enfado, él negó con la cabeza y sonrió.

—¿No sabías que tengo un tercer ojo?

—¿Dónde?

—En ti.

Mientras estaba rodeado de invitados, charlando y brindando, una parte de su atención siempre estaba en ella. Por eso se dio cuenta de lo que estaba pasando y pudo rescatarla a tiempo.

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