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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 424

—La que debería estar en ese quirófano, luchando por su vida, soy yo.

—Así, todos ustedes estarían satisfechos.

—¡Isabella! —Jairo la fulminó con la mirada, sus ojos inyectados en sangre. No podía permitir que dijera eso, pero en el fondo, él se sentía aún más desgarrado y atormentado que ella—. Por favor, déjame en paz. Necesito estar solo, ¿entiendes?

Isabella retrocedió un paso, y luego otro, y siguió retrocediendo, la distancia entre ellos creciendo con cada movimiento.

—Jairo, nunca imaginé que llegaríamos a esto.

El destino es realmente caprichoso.

La vio alejarse más y más, hasta un punto que le resultó insoportable. Entonces, se dio la vuelta y entró al hospital. Estaba huyendo, pero en ese momento, era lo único que podía hacer.

***

De vuelta en la residencia Domínguez, Isabella se quedó sentada en los escalones de la entrada, pensando durante un largo, largo tiempo, hasta que Iván regresó.

Parecía haber envejecido varios años de golpe. Incluso su andar se había vuelto torpe.

Esta vez, Isabella no se acercó a ayudarlo, no le pidió con preocupación que descansara.

—Te pregunté por qué me elegiste. Y me dijiste que lo sentías —dijo ella, mirándolo.

Iván suspiró y se sentó a su lado.

—Lo único que puedo decir sigue siendo que lo siento.

—Entonces, tú ya sabías quién era yo.

—Quería saber quién había dejado la puerta trasera abierta y de quién era ese pasador. Estuve investigando, y así fue como descubrí que eras tú y entendí tu conexión con la familia Méndez.

—No lo entiendo. ¿Por qué hiciste que me casara con Jairo? ¿No te parece absurdo?

—Es absurdo, sí. Pero que nuestra familia viviera encerrada en una jaula que nosotros mismos construimos, ¿no es aún más absurdo? Quería abrir esa jaula, y para eso necesitaba la llave. Y esa llave eras tú.

—La mujer que se hizo pasar por mí está en un quirófano, Marcela intentó quitarse la vida después de atropellarla, Jairo se enamoró de mí, la persona que debería odiar más en el mundo, y tú quieres darme todo el patrimonio familiar. Ja, ja.

Isabella no pudo evitar reír. ¿Acaso no era ridículo? Era la cosa más ridícula del mundo.

—Aquella vez te dije que si quedabas embarazada y le dabas un heredero a la familia Domínguez, te entregaría todo el patrimonio. Olvida eso —dijo Iván.

Isabella sonrió con amargura. Ya no le importaba.

—Te daré todo el patrimonio de la familia Domínguez, sin necesidad de que quedes embarazada.

Aquellas palabras hicieron que Isabella se detuviera.

—De hecho, después de que Fernando te examinó, me dijo claramente que tu cuerpo sufrió daños severos. Es imposible que quedes embarazada.

Imposible que quedara embarazada...

Isabella volvió a soltar una carcajada. Así que su sueño de tener un hijo con Jairo y formar una familia feliz había sido una ilusión desde el principio.

—Bella, lo siento. Perdona mi egoísmo, pero era la única solución que se me ocurrió. Y todo el patrimonio de la familia Domínguez es la única compensación que puedo ofrecerte. Eres una mujer inteligente, sabes qué es lo que más te conviene.

Isabella se giró, con una sonrisa gélida en los labios.

—Así que todavía no es suficiente, ¿verdad? ¿Qué más quieres que haga?

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