Con la cara negra de coraje, Esther ordenó al guardaespaldas que bajara a Samuel.
En cuanto los pies de Samuel tocaron el suelo, le dio una patada al guardaespaldas y luego, al ver a Carlota herida, respiró agitado por la furia e intentó lanzarse a golpear a Esther.
—¡Corran de una vez! —le gritó Lucas.
Samuel miró a la gente que los rodeaba y, aunque estaba furioso, sabía que él solo no podría ganar. Le hizo un gesto de agradecimiento a Lucas con la cabeza, levantó a Carlota, le secó las lágrimas a toda prisa y salieron corriendo.
Al ver que los niños escapaban, Esther fulminó a Lucas con la mirada.
—¡Baja el celular de una vez!
Lucas se encogió de hombros y bajó el teléfono.
—¡Borra el video que grabaste ahora mismo!
Lucas parpadeó con inocencia.
—Ni siquiera grabé nada.
—¡Mentiroso!
—Decir que grabé fue la mentira, decir que no grabé es la verdad.
—¡No te creo nada!
Le hizo una seña a su guardaespaldas, quien le arrebató el celular a Lucas y se lo entregó a Esther. Ella revisó la galería minuciosamente varias veces y, al ver que en efecto no había video, soltó un suspiro de alivio.
Justo entonces, Isabella y Floriana llegaron corriendo.
Floriana vio a Esther e inmediatamente supo que algo había pasado.
—¿Dónde está mi hija? ¿Qué le hiciste?
Esther clavó la mirada en Floriana. Después de seis años de pisotearla, pensó que al volver a verla sería una piltrafa, pero para su disgusto, seguía luciendo radiante.
—Floriana, no esperaba volver a verte.
—¡Te pregunté dónde está mi hija!
—Pensé que habías abortado a esa niña hace años. Quién iba a decir que tendrías el descaro de tenerla. ¡Qué poca vergüenza tienes!
—¡Esther, no tengo tiempo para tus tonterías!
—Qué mala suerte, porque yo tengo tiempo de sobra.
—¡Si tu gente se atreve a tocarla, ahora sí subo el video de cómo le pegaste a la niña! —gritó Lucas otra vez hacia Esther.
Esther abrió los ojos desmesuradamente al escucharlo.
—¿No habías dicho que no grabaste nada?
—¿Me crees tonto? Claro que grabé algo tan bueno y lo respaldé de inmediato. Tengo copias guardadas en varios lugares.
—¿Crees que te voy a creer otra vez? —dijo Esther apretando los dientes.
Lucas puso cara de aburrimiento.
—Cuento hasta tres...
Esther tenía unas ganas inmensas de ir a golpear a Lucas. ¡Otra vez contando hasta tres! ¿Qué se creía, que ella era su payaso? ¡Era el colmo que se burlara así de ella!
Pero no se atrevía a arriesgarse. Rechinando los dientes, ordenó a los guardaespaldas que se apartaran.
Isabella le dio un asentimiento a Lucas y corrió tras los niños.
Sin embargo, cuando salieron a la calle, ya no había rastro de los pequeños.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...