Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 544

Se escuchó el ruido de las cartas al caer.

Facundo respiró hondo.

—Voy a mandar gente a buscarlos ahora mismo.

Jairo levantó la vista y miró a Facundo con frialdad. Fue una mirada helada. Luego se puso de pie y salió a grandes zancadas.

—¿A dónde vas? —Facundo corrió tras él.

—Mi hijo está perdido, ¿a dónde crees que voy?

Facundo se quedó callado un momento.

—Voy a darte una explicación sobre esto.

Viendo que se hacía cada vez más tarde, Isabella y Floriana estaban cada vez más angustiadas. Aunque ya habían llamado a la policía y los estaban buscando, encontrar a dos pequeñines en una ciudad tan enorme era como buscar una aguja en un pajar.

Samuel agarraba fuerte a Carlota. Los dos estaban perdidos, caminaban por lugares cada vez más solitarios y ya no se veía gente alrededor.

Carlota tenía mucho miedo, pero no se atrevía a llorar.

—Hermano, ¿y si nunca encontramos a mamá?

Samuel se detuvo, se giró y abrazó a Carlota.

—No digas eso. Solo tenemos que salir de este callejón para llegar a la calle principal, y ahí tomamos un taxi a casa.

—Mamá dijo que no nos subiéramos a taxis piratas.

—Ajá, tomaremos uno de sitio.

—¿A estas horas todavía hay?

—Si no hay coches no importa, buscamos una tienda de esas que abren las 24 horas o una estación de policía.

Después de calmar a Carlota, Samuel la jaló para seguir caminando. En realidad, él también tenía miedo y estaba entrando en pánico, pero no podía demostrarlo.

Justo cuando luchaban contra su miedo interno, vieron dos sombras negras adelante. Eran altísimas, como monstruos, todo oscuro, sin rostro visible, moviéndose hacia ellos acompañadas de una ráfaga de viento...

—Hermano... —la voz de Carlota temblaba de terror.

—¡Ponte detrás de mí!

Samuel intentó sonar valiente, pero se mordió la lengua sin querer.

Carlota se escondió rápidamente tras Samuel, y él adoptó una postura defensiva.

A medida que las sombras se acercaban, ya no parecían tan altas y sus caras empezaron a distinguirse...

—Vaya, estos dos enanos sí que saben correr, nos hicieron buscarlos media noche.

El fantasma hablaba...

Al ver esa carita idéntica a la de Floriana, Facundo sintió una oleada de irritación.

—¡Cómo te pareces a tu madre!

Carlota lloraba de miedo, pero no se atrevía a hacer ruido.

—Señor, ¿me va a sacar los ojos y el corazón, y va a usar mi carne y mis huesos para hacer caldo?

—¿Qué tonterías dices?

—¿Podría desmayarme de un golpe antes de hacerlo? Es que me da miedo el dolor.

Facundo miró a la niña regordeta y suavecita que lloraba en sus brazos. Sintió ganas de apretarle los cachetes para ver qué se sentía; nunca le había pasado eso con Rocío.

—Mmm, estás tan gordita que seguro sale mucha carne, alcanzaría para una olla grande.

Carlota soltó un gemido, casi sin poder contenerse.

—Señor, ¿puedo hacerle una llamada a mi mamá?

—¿Para qué quieres llamarla?

—Tengo que decirle que la quiero, muchas veces, porque ya no me va a volver a escuchar.

—Está bien, antes de echarte a la olla, te dejo llamar.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido