Dicho esto, subió las escaleras a grandes zancadas.
Esther frunció el ceño; ya se había puesto la pijama, ¿y aun así la corría?
Entornó los ojos. Seguro era por Floriana. Facundo no la había olvidado, por eso la trataba con tanta frialdad.
***
Isabella esperó un buen rato en el lugar acordado, pero Facundo nunca llegó. Quien llegó fue Ignacio.
—Cuando llamaste, Jairo estaba a un lado.
Isabella parpadeó.
—¿Estaba ahí?
Por el teléfono había escuchado que había gente, pero no le había dado importancia.
Ignacio se aguantó la risa.
—Por eso Facundo no va a venir.
—¿Por qué?
—¿Crees que Jairo dejaría que se peleara con su exesposa?
—Él y yo ya no tenemos nada que ver.
—Eso es lo que tú crees.
Isabella hizo una mueca.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que te invito un trago, ¿o me vas a despreciar?
Por supuesto que Isabella no le iba a hacer el feo, Ignacio la había ayudado mucho.
Fueron a un bar pequeño con bastante estilo. Primero platicaron de sus vidas y, con el calor de las copas, la charla se volvió más profunda. No supo cómo, pero terminaron hablando de la boda de Jairo con la hija del alcalde. Ignacio opinaba que hacían buena pareja, aunque dudaba que hubiera amor.
—Entonces, ¿a qué te refieres?
Ignacio guardó silencio un momento.
—¿De verdad ya no hay posibilidad entre ustedes?
Isabella soltó un suspiro.
—¿Sabes a qué sabe el manjar de los dioses?
—¿Eh?
—Hablo de Jairo.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...