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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 552

Dicho esto, subió las escaleras a grandes zancadas.

Esther frunció el ceño; ya se había puesto la pijama, ¿y aun así la corría?

Entornó los ojos. Seguro era por Floriana. Facundo no la había olvidado, por eso la trataba con tanta frialdad.

***

Isabella esperó un buen rato en el lugar acordado, pero Facundo nunca llegó. Quien llegó fue Ignacio.

—Cuando llamaste, Jairo estaba a un lado.

Isabella parpadeó.

—¿Estaba ahí?

Por el teléfono había escuchado que había gente, pero no le había dado importancia.

Ignacio se aguantó la risa.

—Por eso Facundo no va a venir.

—¿Por qué?

—¿Crees que Jairo dejaría que se peleara con su exesposa?

—Él y yo ya no tenemos nada que ver.

—Eso es lo que tú crees.

Isabella hizo una mueca.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que te invito un trago, ¿o me vas a despreciar?

Por supuesto que Isabella no le iba a hacer el feo, Ignacio la había ayudado mucho.

Fueron a un bar pequeño con bastante estilo. Primero platicaron de sus vidas y, con el calor de las copas, la charla se volvió más profunda. No supo cómo, pero terminaron hablando de la boda de Jairo con la hija del alcalde. Ignacio opinaba que hacían buena pareja, aunque dudaba que hubiera amor.

—Entonces, ¿a qué te refieres?

Ignacio guardó silencio un momento.

—¿De verdad ya no hay posibilidad entre ustedes?

Isabella soltó un suspiro.

—¿Sabes a qué sabe el manjar de los dioses?

—¿Eh?

—Hablo de Jairo.

Se retocó el maquillaje en el baño y, cuando quiso salir, alguien bloqueaba la puerta desde afuera.

Empujó con fuerza varias veces hasta que logró abrir. Al salir, vio que eran el hombre y la mujer de antes, toqueteándose allí mismo, junto a la puerta.

Se besaban con desesperación. El hombre le había subido el vestido a la mujer y la acariciaba con sus grandes manos. Ella estaba totalmente entregada, jaloneándole la ropa con urgencia.

—Oye, ¿ya viste suficiente? —preguntó el hombre girando la cabeza hacia Isabella, con tono burlón.

Isabella lo observó. Definitivamente se le hacía conocido, pero no lograba ubicarlo.

—¿También quieres entrarle? —preguntó él con una sonrisa cínica.

Isabella soltó un bufido.

—¡Paso, no me vayan a pegar alguna cochinada!

Dicho esto, se dio la media vuelta y se fue.

Bebió un par de copas más con Ignacio y salieron juntos. Mientras caminaban hacia el estacionamiento, escucharon a una mujer gritando desesperada.

Miraron hacia allá y vieron a dos hombres peleando. En realidad, era un hombre golpeando a otro mucho más robusto que él.

El que pegaba era el mismo sujeto que Isabella había visto afuera del baño, y la que gritaba era la mujer con la que se estaba revolcando.

AVISO PARA LECTORES: Queridos lectores, agradecemos su entusiasmo y apoyo hacia esta novela. Nos comprometemos a continuar con una actualización de capítulos el próximo viernes, 26 de diciembre. ¡Gracias por su paciencia y respaldo!

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