Los policías ya no soportaban la escena y querían meter al hombre en la patrulla antes de que el pobre sujeto, engañado y golpeado, muriera de un coraje.
Aunque Isabella solo era una espectadora, su sentido de la moral se sintió provocado. Acostarse con la esposa de alguien, darle una paliza al marido y encima burlarse de esa manera; cualquiera con un poco de humanidad no haría algo así.
Pero justo cuando la policía apuraba al hombre para que subiera a la patrulla, una mujer de cabello corto hasta los hombros, traje sastre negro y rostro atractivo corrió hacia ellos.
—Soy su prometida, cualquier cosa pueden hablarla conmigo.
Al ver a esa mujer, Isabella no pudo evitar sorprenderse.
Adriana, ¡era Adriana!
Después de acercarse, miró al hombre golpeado y a la mujer desaliñada, y luego al hombre sentado en el cofre del auto. Supuso que no era la primera vez que ocurría algo así e inmediatamente entendió la situación.
—Oficiales, estoy segura de que fue esta mujer quien sedujo a mi prometido. Él es un hombre normal, y aunque se haya acostado con ella, la culpa no es suya.
Los dos policías, que ya estaban impactados por la falta de valores del hombre, quedaron boquiabiertos con la prometida. Tal para cual, eran la pareja perfecta.
Los oficiales abrieron la boca varias veces, pero no supieron qué decir.
Adriana caminó hacia el hombre golpeado y le entregó su tarjeta.
—Espero que podamos resolver esto en privado. Piense en una cifra y envíeme su número de cuenta.
El hombre sintió que era un insulto enorme y estaba a punto de tirarle la tarjeta en la cara a Adriana, pero al ver de reojo las palabras «Directora Ejecutiva de Grupo Méndez», vaciló.
¿Qué quiso decir con eso? ¿Le daría la cantidad que pidiera?
—Señor, confíe en la ley, se le hará justicia —dijo el policía.
El hombre movió los ojos rápidamente.
—¡Yo… nosotros arreglaremos esto en privado!
—¿Eh?
—En realidad hubo un malentendido. Yo no llamé a la policía. Este caballero y yo… ¡somos amigos!
Dicho esto, el hombre se levantó apretando los dientes y cubriéndose las costillas.
—Además, no me pasó nada grave.
Si la víctima decía eso, la policía no podía hacer nada más, así que se retiraron.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...