El hombre volvió a examinar a Isabella, y su interés creció aún más.
—¿No te parezco familiar?
Ella había pensado que le resultaba familiar desde el primer momento, pero no lograba recordar quién era.
—Debería parecerme un poco a alguien.
¿Alguien? ¿Quién?
Isabella se quedó mirando al hombre, esforzándose por pensar, analizando los detalles, hasta que de pronto le vino a la mente cierto rostro.
—Eres de Jairo…
La sonrisa del hombre se profundizó. —Soy su primo hermano. Quizás te habló de mí.
Isabella se tensó al instante. ¡Era Víctor Crespo!
¡El demonio que le causaba tantos dolores de cabeza a la familia Crespo!
—En realidad, tengo mis principios y no suelo meterme con la familia, pero si eres tú…
Isabella entrecerró los ojos. —No soy de tu familia, pero sé pelear. ¿Quieres probar?
—Ja, digna mujer de Jairo, qué picante.
—No te lavas la boca, apestas a vulgaridad.
—Deberías llamarme «primo».
—¿Acaso mereces ese título?
—¿Por qué me gustas tanto?
Isabella miró a Víctor, quien seguía sonriendo con descaro. Apretó los dientes con fuerza; era la primera vez que perdía en una batalla verbal. No porque le faltara agudeza, sino porque le faltaba cinismo.
No quiso seguir hablando con Víctor, así que miró a Adriana.
—Tienes gustos bastante fuertes, pero por favor, contrólalo. ¡Que no ande suelto causando problemas!
Dicho esto, Isabella dio media vuelta y se fue.
—Se adelantó, pero no cuenta como prematuro, ambos están muy sanos.
—¿Niño o niña?
Al mencionar esto, Rayan sonrió con orgullo.
—No hace falta que lo digas, seguro es niña —dijo Floriana.
Rayan y su esposa llevaban casados más de diez años. Debido al trabajo, nunca habían buscado tener hijos. Cuando fueron mayores y quisieron, su salud no ayudaba.
Después de conocer a Carlota, Rayan deseaba mucho tener una hija, y ahora por fin se le había cumplido.
—La estoy cuidando durante la cuarentena. Aunque supe que viniste a Nublario, no había tenido oportunidad de invitarte a ti y a Carlota a comer. Le preparé un regalo a Carlota, llévaselo.
Floriana no se hizo del rogar y aceptó el regalo de Rayan.
No le dijo a Rayan que Carlota estaba hospitalizada, solo mencionó que estaba durmiendo cuando salió.
—¿De verdad no piensas volver a actuar? —le preguntó Rayan después de platicar un rato.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...