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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 562

—Tranquila, yo también me quedo. ¡Te voy a ayudar!

Las heridas de Rayan eran superficiales en su mayoría, excepto por tres costillas rotas que requerían hospitalización.

Después de hacer los trámites de ingreso, Isabella le dijo a Floriana que fuera a casa a asearse mientras ella cuidaba a Carlota y a Rayan en el hospital.

Floriana regresó por la tarde.

—Fui a casa de los Hernández a explicarle la situación a su esposa.

La esposa de Rayan estaba en cuarentena y no debían darle disgustos, pero Rayan estaba internado y ella ya sospechaba algo, así que no se podía ocultar.

Floriana le prometió una y otra vez que cuidaría bien de Rayan y que resolvería los chismes en internet sobre ellos, lo que tranquilizó un poco a la mujer.

Carlota ya podía salir del hospital, así que Isabella la llevó a casa de Leandro Muñoz.

En los próximos días, tanto ella como Floriana estarían muy ocupadas y Leandro no tenía tiempo para cuidar niños, así que tendría que contratar a alguien.

Al llegar a casa, Isabella abrió los ojos como platos al ver a Samuel sentado formalmente en la mesa haciendo la tarea. Carlota también se quedó boquiabierta.

Corrieron hacia él, uno a cada lado.

—Hijo, ¿estás enfermo? ¿Te duele algo?

—Hermano, me estás asustando.

Desde que Samuel entró a la escuela, no se sabía bien el abecedario ni leía muchas palabras. La maestra llegó a sospechar de su coeficiente intelectual, pero la verdad es que simplemente no le gustaba estudiar y solo pensaba en jugar. Nunca había hecho la tarea en casa, y mucho menos por iniciativa propia y sin supervisión.

Era simplemente increíble.

—¡Aléjense, no me interrumpan! —dijo Samuel sin levantar la cabeza.

Isabella echó un vistazo a su cuaderno y se sorprendió aún más: eran sumas. Aunque eran de un solo dígito, las revisó por encima y todas estaban bien.

Su hijo por fin había madurado; un milagro para la familia Crespo.

—¡Quedan tres minutos!

¿Eh? ¿De quién era esa voz?

Isabella volteó y vio a Lucas Crespo. El pequeño estaba acurrucado en el sillón reclinable, con un libro en las manos, recordándole perezosamente el tiempo.

—¡Lucas!

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