—¿Estás menso o qué?
—¡Tú eres el menso!
Lucas estaba un poco molesto.
—Como sea, no las tuviste todas bien, así que no te la puedo dar.
—¡Mentiroso! ¡Ya no quiero jugar contigo!
—Hermano, Lucas tiene razón. No contestaste bien, así que no te ganas la consola —susurró Carlota.
Samuel soltó un grito de indignación:
—¡Tú también lo defiendes!
Carlota se tapó la boca de inmediato, sin atreverse a decir más.
Isabella conocía bien las mañas de ese niño. Estaba haciendo berrinche a propósito, pensando que así Lucas cedería y le daría el videojuego.
Se acercó y le jaló una oreja a Samuel.
—¡Deja de ser un tramposo!
—¡Mamá, tú también estás de su lado!
—Estoy del lado de la razón. ¿Tú tienes la razón?
—Yo, yo...
Samuel miró de reojo la cara de Isabella y, al ver que estaba a punto de enojarse, infló los cachetes.
—¡Ya no la quiero y punto!
Isabella lo soltó.
—Pídele perdón a Lucas.
—¡No!
—¿Te pican las nalgas? ¿Quieres que te surta?
Samuel, temiendo los nalgadas, aunque muy inconforme, se disculpó con Lucas. Pero después de hacerlo, se sintió muy agraviado.
—Hice tantas preguntas que se me cansó el cerebro, y no gané nada. ¡Qué vida tan triste la mía!
Lucas hizo una mueca.
—No esperaba que a tus seis años no supieras sumas tan simples.
—¡Tú eres el listo, tú eres el genial! ¡¿De qué presumes?!
—¿Así que no sabes cocinar?
—Claro que sé, es solo que...
Antes de que pudiera terminar, Samuel salió del cuarto y vio la comida quemada. Rompió en llanto, agarrándose la panza.
—¡Me voy a morir de hambre! ¡Quiero comer!
El niño solo estaba aprovechando para desahogar su frustración. Isabella dejó la olla y fue tras Samuel para darle su merecido. Pero el niño era muy vivo; al ver sus intenciones, salió corriendo.
Justo en ese momento, Jairo entró por la puerta y Samuel corrió a esconderse detrás de él.
—¡Señor, mi mamá me quiere matar de hambre!
Jairo cargó a Samuel, y el pequeño aprovechó para abrazarlo fuerte, llorando y acusando a su madre:
—¡Mi mamá me quiere pegar y Lucas me hace bullying! ¡Soy muy desdichado! ¡¿Por qué me pasa esto a mí?!
Isabella admitía que su educación con el niño no había sido la mejor, por eso Samuel iba mal en la escuela, era berrinchudo y muy travieso.
Pero, ¿y si fuera algo genético?
Si era de nacimiento, la culpa era de Jairo. En fin, ella no tenía la culpa.
Jairo sintió lástima por su hijo, así que con cara de pocos amigos entró a la cocina para preparar algo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...