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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 573

La lluvia de principios de verano era fresca y se sentía bastante agradable al caer sobre el cuerpo.

Isabella corría hacia la mansión bajo la lluvia, jalando a Lucas con la mano izquierda y a Carlota con la derecha. Al pasar por un charco, Carlota saltó dentro a propósito, levantando una gran salpicadura que empapó tanto a Lucas como a Isabella.

Lucas sintió que aquella agua estaba asquerosa y, molesto, se hizo a un lado.

—¡Carlota, lo hiciste adrede! —dijo Isabella, fingiendo estar enojada y poniéndose las manos en la cintura.

Carlota soltó una risita.

—¡Claro que fue adrede!

Isabella soltó un bufido, y acto seguido saltó ella también al pequeño charco, pisando con fuerza rápidamente, haciendo que el agua volara por todas partes. Carlota, al recibir el agua en la cara, contraatacó de inmediato saltando con fuerza. En poco tiempo, la ropa de ambas estaba completamente empapada.

—¡Lucas, ven a jugar! —lo llamó Carlota emocionada.

Lucas frunció el ceño, rechazando la oferta de manera evidente. No podía entender qué tenía de divertido saltar en un charco y salpicarse de agua sucia a uno mismo y a los demás. Que Carlota lo hiciera, pase, los niños se divierten con cualquier cosa; pero Isabella ya era una adulta, ¿cómo podía saltar tan feliz?

Se escuchó el retumbar de un trueno sordo y Isabella sacó apresuradamente a Carlota del charco.

—¡Está lloviendo más fuerte, corramos a casa!

Tomó a Carlota y quiso tomar también a Lucas, pero él, asqueado porque ella tenía las manos sucias, se negó a dejar que lo tocara.

—¿Tu papá te puso muchas reglas? —Isabella arqueó una ceja.

Ese niño era demasiado correcto, tanto que había perdido la alegría infantil propia de su edad.

Lucas entrecerró los ojos.

—La gente debe crecer bajo reglas. ¿Tú no le pones reglas a tu hijo?

—Con que sea sano y feliz es suficiente.

—No estoy de acuerdo. Uno vive en este mundo para encontrar su propio valor.

—Eh... ¿eso lo dijo tu papá?

—Es una exigencia que me impongo a mí mismo.

Carlota ladeó la cabeza, con cara de no entender nada.

—Isabella, ¿por qué Lucas siempre dice cosas que no entiendo?

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