Esther sabía que no podía permitir que Floriana subiera ese video a las redes; su reputación se iría al suelo. Sin más opción, empujó suavemente a su hija para que se disculpara primero.
Rocío, acostumbrada a hacer su voluntad, no iba a ceder tan fácil.
—Mamá, ¿por qué tengo que pedirle perdón a esa muerta de hambre? ¡Ni loca!
—¡Rocío!
—Ella me tiene envidia porque tengo cosas bonitas, por eso quería robar mi broche, solo que no pudo.
El comentario fue tan absurdo que Víctor no pudo evitar soltar un «¡Wow!».
—Qué lógica tan retorcida, es más descarada que yo.
Esther empujó a Rocío de nuevo. —Mamá confió demasiado en ti y acusamos a alguien inocente. La culpa es tuya, ¡pide perdón ahora mismo!
—¡Que no!
—¡Si no te disculpas, te voy a castigar!
Rocío rompió a llorar y corrió a abrazar a Facundo.
—¡Señor, todos me están molestando, pégueles!
Facundo se inclinó y preguntó con frialdad: —¿Así que no crees que hiciste nada malo?
Rocío hizo un puchero. —¡Es que me cae gorda!
—¡Basta! —Facundo se puso lívido—. ¡Ve a disculparte ya!
—Señor, ya no me quieres... te odio... mmm...
Esther le tapó la boca a su hija antes de que siguiera enfureciendo a Facundo y la empujó frente a Floriana y Carlota.
—¡Discúlpate!
Rocío quería seguir haciendo berrinche, pero al ver que Esther estaba realmente enojada y que Facundo no la defendía, se aguantó el coraje y murmuró un «perdón» de mala gana.
Carlota resopló. —Pienso igual que mi mamá: no acepto tu disculpa y no te perdono. Esta vez no te gané, pero la próxima, ¡te voy a dar tu merecido!



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...