Al ver la cara de Facundo transformarse de ira, Víctor soltó una carcajada.
—¿Por qué no vienes y me matas tú?
—Víctor, solo porque respeto a Jairo no me meto contigo, ¿pero no crees que estás estirando demasiado la liga?
—¿Estirando la liga?
Víctor puso los ojos en blanco, sonrió con malicia, aceleró y le dio un llegue seco a la defensa trasera del coche de Facundo.
Después del golpe, miró a Facundo.
—Disculpe, señor Prado, ¿esto cuenta como estirar la liga?
Facundo rechinó los dientes. Si fuera cualquier otro, ya le habría partido la cara, pero siendo Víctor, tenía sus reservas. Primero, porque era un Crespo; y segundo, porque ese perro sí mordía y no soltaba.
Se tragó su furia y se giró para intentar agarrar a Floriana de nuevo.
—Floriana, en serio quiero que hablemos bien...
Sin dejarlo terminar, Floriana se soltó otra vez de su agarre y caminó directo hacia el coche de Víctor. Sin preguntarle si estaba de acuerdo, abrió la puerta trasera y subió con su hija.
—Echa para atrás, ahí hay una salida —ordenó Floriana, molesta.
Víctor se rió. —Señorita Sánchez, ¿acaso tengo cara de chofer?
—Ándale, no pierdas tiempo.
—¿Ni siquiera vas a preguntar si me viene bien?
—¡Señor, shh!
Carlota se asomó para ver a Víctor y se llevó un dedo a los labios.
—Mi mamá está muy, muy enojada ahorita. Tenemos que portarnos bien y no hacerla enojar más.
Víctor puso los ojos en blanco. —Ella es tu mamá, ¡no la mía!
—Pero cuando mi mamá se enoja da mucho miedo.
—Yo...
La voz sobresaltó a Floriana. Abrió los ojos y miró hacia el asiento del copiloto. Ahí había una mujer de curvas pronunciadas, con un vestido de tirantes escotado, muy fresca ella.
Desde su ángulo, Floriana podía ver la mano de Víctor acariciando la pierna de la mujer de una forma bastante vulgar.
—Bebé, qué prisa tienes, ¿ya no puedes esperar? —preguntó Víctor.
—Es que me da miedo que... quieras todo el pastel y no dejes nada para las demás.
El comentario iba claramente dirigido a Floriana. Floriana se inclinó hacia adelante, con la intención de explicarle a la mujer.
Al fin y al cabo, era una actriz del mismo elenco, no quería malentendidos por culpa de un patán.
Pero en cuanto se asomó, se llevó otra sorpresa: la mujer en el copiloto no era la misma con la que lo había visto «entretenido» en el bosque la otra vez.
¿Ya la había cambiado?
¡Qué descarado! Floriana lo insultó mentalmente y se volvió a recargar en el asiento.
—¿Todo el pastel? —se burló Víctor—. Soy muy exigente con la comida, no creas que cualquier rebanada me apetece.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...