—¿Acaso quieres matarme del coraje? ¡Cómo pude engendrar a un desgraciado como tú!
En cuanto se conectó la llamada, se escuchó un grito furioso al otro lado de la línea.
Floriana se quedó pasmada un instante. Quiso hablar, pero el hombre no le dio oportunidad.
—¿Acaso no tienes cerebro? Irrumples en la casa de alguien para secuestrarlo, ¿tienes miedo de que nadie se entere de la estupidez que hiciste? Cof, cof... lo importante no es eso, sino ¿para qué lo secuestraste? ¡Suéltalo de inmediato y regresa a casa ahora mismo o te voy a romper las piernas!
Después de soltar esa retahíla de insultos, la respiración al otro lado se escuchaba pesada. Por fin, Floriana tuvo oportunidad de hablar.
—Hola. Víctor dejó su celular en el hospital, así que no puede escuchar nada de lo que dijo. Además, ¿a quién secuestró?
Hubo un silencio al otro lado, y luego la voz se alzó preguntando:
—¿Quién eres tú?
—Me llamo Floriana. Nos vimos antes en el hospital.
—¿Quién es Floriana?
Leonardo debió haberle preguntado a alguien a su lado, porque una voz respondió tras pensarlo un momento: «Floriana es una actriz, antes te gustaba ver sus telenovelas».
—¡Me importa un bledo qué clase de actriz sea! Pregunto qué relación tiene con Víctor.
—Me parece haber visto chismes de él con esa tal Mimí.
Inmediatamente después, se escuchó la voz iracunda de Leonardo en el teléfono:
—¡Él se convirtió en lo que es por culpa de todas ustedes, bola de mujeres!
Floriana se quedó sin palabras. ¿De qué demonios estaba hablando?
—Se equivoca, Víctor y yo solo somos amigos.
—Él y mujeres como ustedes solo tienen un tipo de relación, ¿tengo que ser explícito?
Al escuchar esto, Floriana supo que preguntar más sería dar vueltas en círculos, así que colgó de inmediato y llamó a Isabella. Isabella estaba en la empresa y no sabía nada del asunto; le pidió a Floriana que fuera a su casa para reunirse allí.
Ambas llegaron rápidamente a la villa en el centro de la ciudad donde vivían Isabella y los demás. Al entrar, Jairo acababa de colgar el teléfono. Tenía el rostro sombrío; evidentemente, acababa de enterarse de lo que había hecho Víctor.
—¿A quién secuestró? —preguntó Isabella directamente.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...