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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 800

Rocío no esperaba que Zoe se asustara tan fácil y saltó del coraje.

—¡Qué estás diciendo! Yo no te pedí que mintieras, fuiste tú la que dijo que odiaba a Lucas.

—Fuiste tú la que me dijo que mintiera y lo acusara.

—¡Yo no fui!

—¡Fuiste tú! Buaaa... y ahora no lo admites.

El papá de Zoe agarró a su hija del brazo y le gritó furioso:

—Te pregunté varias veces y me dijiste que el niño te había pegado. Ahora dices que no. ¿Dónde queda mi cara?

—Buaaa...

—¡Habla! ¿Por qué lo acusaste falsamente?

Zoe vio que su papá estaba realmente enojado y no se atrevió a callar.

—La maestra... la maestra me puso de compañera de banco con Lucas, pero él... él dijo delante de todos que no quería sentarse conmigo. La maestra le preguntó por qué y él dijo... dijo que porque saco malas notas y no quería sentarse con una tonta. Me sentí muy avergonzada y enojada, y luego le hice caso a Rocío.

—¡Pero eso no te da derecho a calumniar a nadie! Y tú, ¿de quién eres hija? ¡Qué corazón tan sucio tienes! —El padre de Zoe dirigió su ira hacia Rocío.

Rocío no se quedó callada:

—¡Yo solo quería ayudarla a desquitarse!

Isabella soltó un suspiro.

—Maestra, ¿necesita que me disculpe con ellos?

La maestra estaba abochornada.

—Es mi culpa por no haber aclarado las cosas. Señora, lo siento mucho.

El papá de Zoe resultó ser razonable al final.

—Este... yo también pido disculpas. Fue mi hija la que acusó injustamente a su hijo.

Isabella asintió; lo que siguiera quedaba en manos de la escuela.

—Vengo a la escuela a estudiar, no a jugar. ¡No necesito que nadie me quiera!

—¡No tienes amigos!

—¿Para qué quiero amigos? ¿Para jugar esos juegos infantiles? Ja, pérdida de tiempo.

Samuel se cruzó de brazos.

—¡Pues yo tampoco voy a jugar contigo nunca más!

—¡Nadie te lo pidió!

Al ver a los dos niños discutiendo, a Isabella le empezó a doler la cabeza. El problema de Samuel era que solo pensaba en jugar, pero se llevaba muy bien con sus compañeros; aunque llevaba menos de seis meses en la escuela, ya tenía varios amigos.

El problema de Lucas era que solo pensaba en estudiar y consideraba que todo lo demás era una pérdida de tiempo. No quería hacer amigos, era demasiado directo al hablar y carecía de empatía.

Ambos niños necesitaban corrección. Isabella pensó en hablarlo con Jairo al llegar a casa.

Al pensar en eso, recordó de golpe que Jairo no había ido a recoger a los niños. Volvió a llamarlo, pero seguía sin entrar la llamada.

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