Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 816

—No… no sé de qué está hablando.

—Tsk, tsk, debe doler mucho. —Isabella negó con la cabeza con una mueca de burla.

Dicho esto, Isabella se dio la vuelta y apoyó la cabeza en el hombro de Jairo, quien con naturalidad la rodeó por la cintura.

—¿Qué pasa con esta mujer? —le preguntó en voz baja.

—Yo tampoco sé qué le pasa —respondió Jairo.

—¿Cómo que no sabes?

—De verdad no lo sé.

Isabella le dio un pellizco en el brazo, ¡se estaba haciendo el misterioso!

Jairo soltó una risa.

—Es la hermana de Julián Carrasco.

—¿Julián?

Jairo señaló el puente de piedra a lo lejos. Isabella miró y vio a un joven de figura delgada parado al final del puente. De inmediato reconoció al chico que había irrumpido en la carretera aquel día, el mismo que ella casi atropella.

—Él es con quien he estado jugando últimamente.

Isabella observó al joven. Llevaba jeans y una camisa blanca. Quizá por ser tan delgado, el viento del mar lo hacía parecer inestable, como si fuera a caerse, pero él seguía allí, obstinado. Incluso empezó a inclinar el cuerpo hacia adelante…

—¡Cuidado, va a saltar! —gritó Isabella.

Jairo se quedó atónito un instante, miró detenidamente y vio que el chico ya había sacado un pie del borde. Frunció el ceño con fuerza y corrió hacia allá a grandes zancadas.

La hermana del joven, Begoña Carrasco, también se dio cuenta de la anomalía y corrió desesperada.

Isabella sentía que todo era muy extraño, pero también corrió tras ellos.

Isabella se acercó a él y siguió su mirada. Vio que la camisa del chico se había levantado, revelando una cicatriz en el pecho, probablemente de una cirugía a corazón abierto.

Begoña llegó tambaleándose y se desplomó junto a su hermano. Pasó de la preocupación al alivio, y luego a la ira, terminando por golpear al chico con los puños mientras se derrumbaba.

—¿Por qué haces esto? ¡¿Por qué tienes que querer morirte?!

—¿No sabes todo lo que hicimos para salvarte? ¿Lo que sacrificamos por ti?

—¡Julián, me vas a matar de un coraje!

Ante los golpes y lamentos de su hermana, el joven permaneció tan indiferente como siempre. Ni siquiera la miró; mantuvo la cabeza girada hacia el otro lado, observando el mar embravecido que podría tragarse a cualquiera en un instante.

Seguía anhelando ese mar capaz de arrebatar la vida tan fácilmente. Si nadie lo detenía, Isabella estaba segura de que saltaría una segunda vez.

Ese chico no tenía ningún miedo a la muerte. Ninguno en absoluto.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido