Isabella, que estaba a punto de salir, dijo al escuchar la noticia que llevaría a Begoña al hospital.
En el camino, Begoña estaba aterrada y nerviosa, con todo el cuerpo tenso.
Isabella la miró de reojo y luego preguntó fingiendo indiferencia:
—¿Y tus padres? Tu hermano está tan grave, deberían ir al hospital a cuidarlo.
Begoña apretó una mano contra la otra.
—Mis papás fallecieron. En mi familia solo quedamos mi hermano y yo.
—Con razón. Por eso decías que no tenías salida. Si tuvieras a tu mamá o a tu papá, él podría ayudarte a compartir la carga.
—No necesito que él comparta nada. Ya ha hecho suficiente por mi hermano.
—¿Quién es ese «él» del que hablas?
—Nadie.
Isabella entrecerró los ojos. El padre mató para salvar al hijo, la hermana se vendía por el hermano; vaya que se amaban entre ellos, pero para los familiares de la víctima, eso solo resultaba irónico y repugnante.
Cuando Begoña llegó al hospital, su hermano ya había entrado a Terapia Intensiva. El médico dijo que la situación de Julián era muy mala y que todo dependía de si lograba pasar la noche; si lo hacía, podrían continuar el tratamiento, pero las probabilidades eran bajas.
—Así que contacte a su familia para que vean a su hermano por última vez —dijo el médico, sacudiendo la cabeza con un suspiro antes de irse.
Al oír esto, Begoña casi se desploma en el suelo.
—¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede ser tan grave?... —Se asomó por el cristal para ver a su hermano en la cama, con el rostro deformado por el dolor y la frustración.
No había muchos vehículos en el camino, así que Jairo no se atrevió a acercarse demasiado para que Begoña no los descubriera.
Isabella miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaban entrando en un lugar parecido a un pueblo pequeño. ¿Acaso ese hombre se escondía allí?
¿Por qué fingió su muerte inmediatamente después de la cirugía de trasplante de su hijo? ¿Por qué tenía tanto miedo?
—Supongo que estuvo muy pendiente del caso de Óscar. Aunque la familia Crespo mantuvo la confidencialidad, él debió enterarse de la identidad de Óscar. Al saber que los Crespo tienen mucho poder, dedujo que investigarían hasta el final. Para que no dieran con él, decidió «morirse» —dijo Jairo.
Isabella asintió.
—Yo también creo que fue así.
Ese hombre era astuto. Jairo había usado todos sus recursos y aun así tardó cinco años en averiguar a qué hospital fue a parar el corazón de Óscar, conseguir la lista y filtrar los datos durante otro año hasta dar con la familia Carrasco.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...