Isabella, que estaba a punto de salir, dijo al escuchar la noticia que llevaría a Begoña al hospital.
En el camino, Begoña estaba aterrada y nerviosa, con todo el cuerpo tenso.
Isabella la miró de reojo y luego preguntó fingiendo indiferencia:
—¿Y tus padres? Tu hermano está tan grave, deberían ir al hospital a cuidarlo.
Begoña apretó una mano contra la otra.
—Mis papás fallecieron. En mi familia solo quedamos mi hermano y yo.
—Con razón. Por eso decías que no tenías salida. Si tuvieras a tu mamá o a tu papá, él podría ayudarte a compartir la carga.
—No necesito que él comparta nada. Ya ha hecho suficiente por mi hermano.
—¿Quién es ese «él» del que hablas?
—Nadie.
Isabella entrecerró los ojos. El padre mató para salvar al hijo, la hermana se vendía por el hermano; vaya que se amaban entre ellos, pero para los familiares de la víctima, eso solo resultaba irónico y repugnante.
Cuando Begoña llegó al hospital, su hermano ya había entrado a Terapia Intensiva. El médico dijo que la situación de Julián era muy mala y que todo dependía de si lograba pasar la noche; si lo hacía, podrían continuar el tratamiento, pero las probabilidades eran bajas.
—Así que contacte a su familia para que vean a su hermano por última vez —dijo el médico, sacudiendo la cabeza con un suspiro antes de irse.
Al oír esto, Begoña casi se desploma en el suelo.
—¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede ser tan grave?... —Se asomó por el cristal para ver a su hermano en la cama, con el rostro deformado por el dolor y la frustración.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...